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Astrocitos y Obesidad: Nueva Esperanza Cerebral

by Editora de Salud

Células cerebrales poco conocidas podrían revolucionar nuestra comprensión de la obesidad. Un estudio reciente revela que los astrocitos, actores hasta ahora subestimados en los circuitos de recompensa, influyen tanto en el comportamiento alimentario como en el metabolismo.

La obesidad no se reduce simplemente a un exceso de calorías. Es el resultado de un complejo desequilibrio entre la ingesta de alimentos, el gasto energético, los hábitos y las señales biológicas integradas por el cerebro. Si bien las neuronas han sido tradicionalmente el foco de esta regulación, una nueva categoría de células cerebrales está atrayendo la atención de los investigadores: los astrocitos.

El cerebro humano está compuesto por miles de millones de neuronas, capaces de transmitir señales eléctricas. Sin embargo, estas neuronas representan solo alrededor de la mitad de las células cerebrales. La otra mitad está formada por células llamadas gliales, entre las que los astrocitos ocupan un lugar central. Con forma de estrella, estas células desempeñan funciones esenciales: nutren a las neuronas, regulan el entorno químico del cerebro, participan en los intercambios con los vasos sanguíneos y modulan la actividad sináptica. No obstante, durante décadas, se las consideró meras células de soporte.

Esta visión ha quedado obsoleta. Un estudio publicado en 2025 en Nature Communications por investigadores del INRAE y la Universidad de París Cité demuestra que los astrocitos desempeñan un papel activo en los mecanismos cerebrales relacionados con la obesidad, especialmente cuando esta es inducida por una dieta rica en grasas y azúcares.

A diferencia de las neuronas, los astrocitos no se comunican a través de impulsos eléctricos. Su actividad se basa en variaciones del calcio dentro de la célula, una señal que ha sido difícil de observar durante mucho tiempo. Solo con la aparición de técnicas de imagenología específicas, los científicos han podido rastrear esta actividad en tiempo real y comenzar a comprender cómo estas células interactúan con las redes neuronales.

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En este estudio, los investigadores se centraron en una región específica del cerebro: el estriado. Esta estructura es conocida por su papel clave en el circuito de recompensa, es decir, los mecanismos cerebrales que nos impulsan a comer por placer, independientemente de las necesidades energéticas reales. Este circuito se basa, en particular, en la dopamina, un neurotransmisor implicado en la motivación y los comportamientos adictivos.

En ratones, una dieta rica en grasas y azúcares provoca modificaciones profundas en el funcionamiento del estriado. Los investigadores observaron que los astrocitos de esta región se vuelven “reactivos”: su forma cambia, su organización se modifica y su señalización de calcio se altera. Estas transformaciones sugieren que los astrocitos no solo sufren los efectos de la dieta, sino que responden activamente a ella.

Para profundizar en el tema, los científicos utilizaron un enfoque innovador de manipulación celular. Introdujeron en los astrocitos un receptor sintético que actúa como un interruptor, permitiendo desencadenar artificialmente un aumento coordinado del calcio intracelular. Esta activación dirigida permitió observar, por primera vez, el impacto directo de los astrocitos en la actividad de las neuronas vecinas.

Los resultados son sorprendentes. En ratones obesos debido a una dieta rica, la activación de los astrocitos del estriado mejora la flexibilidad cognitiva. Los animales recuperan la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones, medida mediante pruebas de aprendizaje en un laberinto. En otras palabras, una función cerebral alterada por la obesidad puede restaurarse sin modificar el peso del animal.

Aún más sorprendente, esta manipulación influye en el metabolismo energético global. Después de la activación de los astrocitos, los ratones utilizan más lípidos que azúcares como fuente de energía. El estriado, tradicionalmente asociado a las funciones motivacionales y cognitivas, aparece así implicado en la regulación del metabolismo corporal a través de la acción de los astrocitos.

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Estos resultados desafían las ideas preconcebidas. Sugieren que la obesidad no se basa únicamente en desregulaciones neuronales, sino también en alteraciones del diálogo entre neuronas y astrocitos. Estas células, situadas en la interfaz entre la sangre y el cerebro, podrían actuar como un filtro o un baluarte frente al exceso de nutrientes circulantes, protegiendo –o, por el contrario, perturbando– los circuitos cerebrales.

¿Deberíamos ver esto como una nueva vía terapéutica? Los autores se muestran cautelosos. Los experimentos se han realizado exclusivamente en ratones, y cualquier transposición a humanos requerirá muchos años de investigación. Manipular las células cerebrales también plantea importantes cuestiones de seguridad. Sin embargo, este estudio abre un campo inédito: el de los tratamientos dirigidos no solo a las neuronas, sino a los astrocitos mismos.

Al revelar el papel activo de estas células durante mucho tiempo ignoradas, la investigación esboza un cambio de paradigma. Comprender la obesidad podría pasar, en el futuro, por un mejor conocimiento de estas estrellas discretas del cerebro, capaces de influir tanto en nuestros comportamientos como en nuestro metabolismo.

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