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Son poco después de las ocho de la mañana cuando el teléfono de una consulta médica en Neuburg suena insistentemente. Al otro lado de la línea, una voz ronca, tos, algunas frases sobre dolor de cabeza y una noche en vela, y finalmente la pregunta: «¿Podría darme un justificante médico por teléfono?». Mientras los datos del paciente aparecen en el sistema, la mirada del médico se dirige a la sala de espera: casi todas las sillas están ocupadas, con personas con mocos, bufandas cubriendo el cuello y rostros cansados.
