La reciente participación en la competición nacional estuvo marcada por un apremio inesperado. El fin de semana previo al evento, el competidor tuvo que dedicar su tiempo a los ensayos y la presentación de un recital de ballet, lo que significó perder dos días completos de preparación. A esto se sumó la distancia del recinto donde se celebró la competición desde su hogar, añadiendo un elemento de estrés a la situación.
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