Bayer vs. Moderna/Pfizer: La guerra de patentes de las vacunas mRNA

by Editora de Negocio

La batalla global por las patentes de las vacunas de ARNm entra en una nueva y delicada fase. Bayer ha iniciado una serie de demandas legales contra Moderna, Pfizer-BioNTech y Johnson & Johnson, acusándolas de infringir una tecnología patentada hace décadas por Monsanto, ahora parte del grupo alemán. Esta acción reaviva el conflicto sobre la propiedad intelectual subyacente a las vacunas contra el Covid-19 y se produce en un momento de crisis industrial y financiera para el gigante de Leverkusen. Las demandas se han presentado en varios tribunales federales de Estados Unidos: en Delaware contra Moderna y contra Pfizer-BioNTech, y en Nueva Jersey contra Johnson & Johnson. En el centro de la disputa se encuentra una tecnología patentada en 1989 por Monsanto y licenciada únicamente en 2010, relacionada con la optimización de las secuencias de codones para mejorar la estabilidad del ARNm y la eficiencia de la expresión proteica. Según Bayer, esta solución se habría utilizado sin licencia en el desarrollo de las vacunas contra el Covid.

Una patente agrícola clave para las vacunas

Bayer no busca la retirada de las vacunas del mercado, sino una compensación económica y el pago de regalías por las ventas pasadas y futuras. Se trata de una suma potencialmente multimillonaria, considerando que la vacuna Comirnaty de Pfizer-BioNTech ha generado más de 93.000 millones de dólares en ingresos totales desde su introducción. Moderna y BioNTech han confirmado que son conscientes de las demandas, mientras que Pfizer y Johnson & Johnson no han emitido comentarios oficiales. Bayer afirma que la tecnología en cuestión se originó en el ámbito agrícola para aumentar la expresión de proteínas en cultivos genéticamente modificados, reduciendo el uso de pesticidas. Sin embargo, el mismo problema –la inestabilidad del ARNm– también resultó ser crucial en el desarrollo de las vacunas contra el Covid-19. Resolverlo permitió mejorar la respuesta inmunitaria, convirtiendo la tecnología de Monsanto en un componente crucial, al menos según la tesis de la empresa alemana. El caso de Johnson & Johnson, cuya vacuna se basaba en un vector viral y no en ARNm puro, no sería una excepción: incluso en este proceso, sostiene Bayer, la estabilidad de la expresión genética era un elemento fundamental.

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Antecedentes: un litigio sin fin

La ofensiva de Bayer se inscribe en una verdadera guerra de todos contra todos en el mundo de las vacunas de ARNm. En los últimos años, Pfizer, BioNTech, Moderna, GSK y CureVac se han enfrentado en los tribunales, reclamando diferentes porciones de la plataforma tecnológica. En 2022, Moderna demandó a Pfizer y BioNTech en Estados Unidos y Alemania, acusándolas de copiar elementos clave de su tecnología de ARNm, desde la modificación química de las moléculas hasta las nanopartículas lipídicas. Pfizer y BioNTech respondieron impugnando la validez de las patentes de Moderna y solicitando su invalidación, argumentando que la rival intentaba apropiarse de todo un sector tecnológico. Paralelamente, CureVac –otra empresa biotecnológica alemana pionera en ARNm– inició una larga batalla legal contra BioNTech, que culminó en 2025 con un acuerdo que también involucró a GSK. El acuerdo incluyó pagos iniciales, regalías y licencias cruzadas, sin ninguna admisión de responsabilidad, pero demostró la importancia del valor de las patentes como palanca económica en la fase postpandémica. GSK, por su parte, demandó tanto a Pfizer-BioNTech como a Moderna, alegando que la tecnología de ARNm en la base de las vacunas contra el Covid y el VRS deriva de investigaciones adquiridas con la compra del negocio de vacunas de Novartis en 2015. Un entramado de demandas que continúa expandiéndose, mientras que el mercado de las vacunas contra el Covid se contrae drásticamente tras la transición de la fase pandémica a la fase endémica.

La demanda en el contexto de la reestructuración de Bayer

Esta acción legal se produce en un momento extremadamente delicado para Bayer. El grupo está atravesando una profunda fase de reestructuración, marcada por fuertes pérdidas en 2023 y 2024 y por un legado judicial aún importante relacionado con la adquisición de Monsanto y las demandas por el glifosato. Más de 67.000 procedimientos siguen pendientes en Estados Unidos, a pesar de que el grupo ya ha destinado y pagado más de 10.000 millones de dólares en indemnizaciones y acuerdos. La división Crop Science sigue siendo el principal punto crítico, mientras que la nueva dirección intenta revitalizar el grupo con recortes de costes, reestructuraciones y una estrategia más agresiva en la valoración de la propiedad intelectual. En el frente farmacéutico, la empresa apuesta por la nueva generación de medicamentos –desde el tratamiento renal Kerendia hasta el fármaco oncológico Nubeqa– y cuenta con la reciente aprobación de la FDA del nuevo producto para la menopausia, Lynkuet, para fortalecer el crecimiento futuro. El mercado observa con atención: algunos resultados trimestrales de 2025 han superado las expectativas, pero el futuro de Bayer sigue ligado a la capacidad de cerrar los grandes litigios legales y de transformar la innovación –incluso la que nació hace décadas en los laboratorios de Monsanto– en una fuente de estabilidad económica.

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