El poema lírico “Dream-Pedlary” (Vendedor de Sueños) de Thomas Lovell Beddoes, publicado en 1803, es considerado una de sus obras más perfectas y antologadas. Su musicalidad es evidente, elevándose desde la página misma, y aunque desafía las convenciones de la métrica, la rima y la forma, estas sutiles inestabilidades contribuyen a su efectividad.
El primer verso, por ejemplo, ofrece diversas posibilidades rítmicas. Puede leerse como dos dáctilos (“If there were dreams to sell”), o como un trimetro yámbico (“If there were dreams to sell”), o incluso una combinación de ambos. Esta flexibilidad enriquece la lectura de los versos siguientes, como el primero de la segunda estrofa, que se beneficia de un ritmo más lento con tres yambos: “A cottage lone and still.”
El poema evoluciona desde una pregunta personal y caprichosa al lector (“Si hubiera sueños a la venta, ¿qué comprarías?”) hacia una introspección del propio hablante. A partir de la segunda estrofa, nos adentramos en sus pensamientos, una reflexión que se mantiene hasta el final, donde el “tú” y el “yo” del poeta parecen separarse, o al menos, aparentarlo.
En cuanto a la rima y la estructura, la primera estrofa destaca por sus diez versos, con los dos primeros repetidos y un grupo de tercetos que retoman la rima “A” (“sell / tell / bell”). Este patrón de tercetos se abandona en las estrofas siguientes, aunque la repetición sigue siendo importante, como se observa en las tres veces que aparece la rima “crown / down”, y en la estructura general de pregunta y respuesta.
El poema se centra en un argumento: si bien existían “sueños a la venta”, el hablante se reprocha haberlos comprado. La cuestión más urgente gira en torno a la posibilidad de “despertar fantasmas”, una preocupación arraigada en la doble faceta de Beddoes como poeta y médico. Su fascinación por lo gótico, presente en poemas como “Death’s Jest Book”, surge de sus estudios médicos y su investigación sobre la supervivencia espiritual después de la muerte. Aunque no encontró evidencia de ello, no renunció a la exploración poética de la mortalidad.
La búsqueda de Beddoes por “un sueño que valorar” se centra en qué fantasma desearía “despertar”. Se refiere a aquellos “enterrados profundamente”, sugiriendo una profundidad psicológica necesaria para un despertar efectivo. Surge una nueva posibilidad: si “la vida es un sueño”, morir podría ser despertar a una realidad diferente.
El fantasma soñado en la cuarta estrofa, ”el amado niño perdido”, se cree que es Benjamin Bernhard Reich, un estudiante de medicina ruso con quien Beddoes vivió durante un año mientras estudiaba en Göttingen. La complejidad del sentimiento de alienación del poeta se ha visto enriquecida por el reconocimiento creciente de su homosexualidad, un aspecto integral de su rebeldía creativa y política, y de su estilo de vida. En Europa continental, Beddoes fue principalmente un vagabundo, esencialmente sin hogar. En el poema, el sueño anterior de un hogar estable que “curaría sus males” adquiere un patetismo particular.
“Dream-Pedlary”, con su hábil integración de técnica e imaginación, muestra a Beddoes encontrando su lugar como poeta tardío-romántico. Al mismo tiempo, existe una conciencia autoparódica, casi camp, en su obra: los tropos románticos dan lugar a preguntas irónicas, y las delicadas metáforas adquieren peso carnal. El sueño de la primera estrofa (versos cinco y seis), que cuesta solo “un leve suspiro”, se revisa en la quinta estrofa, donde la “hoja de rosa” y la “corona de la vida” reaparecen, equilibradas de manera diferente. La hoja de rosa cae con menos ligereza: la certeza mayor que la “corona” es la realidad de la muerte, y las inferencias optimistas solo pueden ser paradójicas, quizás expresadas en puro chiste: “Así se cortejan a los fantasmas; / Así se hacen realidad todos los sueños, / ¡Para siempre!”
