La 76ª Berlinale ha presentado contrastes notables, desde una mirada íntima a la vida de los trabajadores en Singapur hasta una opereta vampiresca extravagante. Anke Leweke, en radioeins, ha destacado estas diferencias, incluyendo el ambiente de la recepción surcoreana con sus fideos instantáneos.
La película “We Are All Strangers”, dirigida por Anthony Chen, ofrece una perspectiva conmovedora sobre la realidad de la vivienda en Singapur, alejándose de la imagen de prosperidad que suele asociarse con este país. La historia se centra en Lim, un viudo que lleva décadas regentando un puesto de comida callejera y que, a pesar de la inflación, se esfuerza por mantener sus precios. La trama se complica con la llegada a su pequeño hogar de su hijo, la pareja embarazada de este y la nueva compañera de Lim, dando lugar a un drama social delicado. Leweke ha elogiado la sensibilidad de la cámara y la representación de una sociedad multiétnica, donde los prejuicios y las condiciones sociales influyen en la vida privada hasta en los gestos más pequeños.
Por otro lado, Ulrike Ottinger presenta un enfoque completamente diferente con su película “Die Blutgräfin” (“La Condesa de Sangre”), un espectáculo visualmente opulento. Isabelle Huppert interpreta a la legendaria condesa Báthory, que se desliza por el metro de Viena en una mezcla de esplendor histórico y modernidad. La película, con diálogos en colaboración con la ganadora del Premio Nobel de Literatura Elfriede Jelinek, se describe como un “film operístico capitalista”. Destaca especialmente la energía del elenco, con Thomas Schubert interpretando a un vampiro vegano, el Barón Rudi Bubi von Strudel zur Bruchtelau, que busca terapia con Lars Eidinger.
