El interés por los metales preciosos como el oro y la plata ha impulsado un notable repunte en la actividad de los negocios especializados en estos productos, especialmente tras el impacto económico y social de la pandemia de COVID-19. Según datos recientes, el número de establecimientos dedicados a la compra, venta y almacenamiento de oro y plata ha superado los niveles registrados antes de 2020, cuando muchos de estos comercios redujeron sus operaciones debido a la incertidumbre generada por la crisis sanitaria.
Además, las cifras de importación física de estos metales y las ventas de productos de inversión relacionados —como lingotes, monedas o fondos especializados— han alcanzado niveles históricos. Este fenómeno refleja una tendencia global donde los inversores y el público en general buscan activos tangibles como alternativa en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y económicos persistentes.
La demanda sostenida responde, en parte, a la percepción de los metales preciosos como refugio de valor en momentos de volatilidad financiera, aunque su comportamiento reciente también ha sido influenciado por factores como la inflación, el fortalecimiento del dólar y los rendimientos de los bonos, como se ha observado en mercados internacionales.
