Amigas la animaron a “simplemente salir a tener citas”. Tras vivir un tiempo en el extranjero y haber tenido varias relaciones, le sugirieron: “Intenta algo más al estilo Sex and the City, disfruta, diviértete”. Alguien le recomendó la aplicación de citas Breeze. No la conocía y pensó: “¿Por qué no probar?”. El funcionamiento es sencillo: se evalúa el perfil de cada persona para decidir si se quiere tener una cita. Si hay compatibilidad, se indica la disponibilidad y se programa el encuentro.
Vio su perfil. Ya no recuerda su nombre, pero le pareció atractivo. Tenía cabello castaño rizado, gafas y un aire un poco “nerd”. Le gustaban los juegos de mesa y era de tipo filosófico. Le pareció un chico agradable. Concertaron una cita en Rotterdam, en el NRC Café de la Witte de Withstraat.
La cita estaba programada para un martes o miércoles por la noche. El contacto inicial con la otra persona ocurre justo antes de la cita. Él venía de La Haya y sus trenes sufrieron constantes retrasos. Terminó tomando un autobús, lo que le hizo pensar: “¿Por qué se está esforzando tanto?”, se preguntó.
