Astrónomos han puesto en marcha la cámara de infrarrojos más grande jamás construida, un avance tecnológico que promete revolucionar nuestra comprensión de los primeros sistemas estelares del universo. El instrumento, denominado AMKID, ha sido instalado en el telescopio APEX, ubicado en la árida altiplanicie de Chajnantor en el desierto de Atacama, Chile.
Con más de 17.000 píxeles, AMKID supera a cualquier otra cámara de infrarrojos existente, permitiendo observar grandes extensiones del cielo con un detalle sin precedentes. Esta capacidad es crucial para estudiar la luz emitida por las primeras estrellas y galaxias, que se ha debilitado y estirado hasta las longitudes de onda del infrarrojo debido a la expansión del universo.
El desarrollo de AMKID es fruto de la colaboración entre investigadores del Instituto Max Planck de Radio Astronomía (MPIfR) en Alemania, el Instituto holandés para la investigación espacial (SRON) y la Universidad Tecnológica de Delft (TU Delft). Los detectores de la cámara fueron fabricados por SRON y TU Delft.
La luz de los primeros sistemas estelares es extremadamente débil y, además, se encuentra bloqueada en gran medida por la atmósfera terrestre. Por ello, la ubicación del telescopio APEX, a una altitud de 5.100 metros, es fundamental para minimizar las interferencias atmosféricas y obtener imágenes de alta calidad.
AMKID opera a dos longitudes de onda específicas, 0,35 y 0,85 milímetros, lo que proporciona a los astrónomos información adicional para cartografiar la formación de galaxias en las primeras etapas del universo. Los resultados obtenidos con esta nueva herramienta allanarán el camino para futuras misiones espaciales dedicadas al estudio del cosmos primigenio.
La puesta en marcha de AMKID ha sido publicada en la revista Astronomy & Astrophysics.
