Nuestro cuerpo cuenta con un potente sistema de defensa para combatir infecciones y enfermedades: el sistema inmunitario. Entre sus soldados se encuentran los linfocitos T, células especiales encargadas de identificar y destruir las células cancerosas. Sin embargo, estas pueden ser engañadas por las células tumorales, que desarrollan estrategias para eludir su vigilancia. Recientemente se descubrió un método particularmente astuto: estas células transfieren sus propias mitocondrias defectuosas a los linfocitos T, impidiéndoles funcionar correctamente. Esta estrategia permite al cáncer protegerse de los ataques inmunitarios y desarrollarse con mayor facilidad.
Las mitocondrias: las centrales energéticas de nuestras células
A menudo denominadas las “baterías” celulares, las mitocondrias son pequeñas estructuras dentro de nuestras células. Su función principal es producir la energía necesaria para el correcto funcionamiento celular en forma de ATP (adenosín trifosfato), la molécula que alimenta nuestros procesos vitales. Son esenciales para la mayoría de las funciones celulares, incluyendo la reproducción, la reparación y la defensa del organismo.
Los linfocitos T, un tipo de célula inmunitaria clave en la lucha contra el cáncer, dependen particularmente de la energía suministrada por sus mitocondrias para cumplir su misión: atacar y destruir las células cancerosas. Estas células deben ser extremadamente activas, ya que están en primera línea para detectar y eliminar las células tumorales. Sin una fuente de energía fiable, sus capacidades se ven limitadas, lo que las hace vulnerables a un ataque.
Cómo el cáncer sabotea la energía de los linfocitos T
Un equipo de investigadores japoneses realizó recientemente un descubrimiento sorprendente sobre cómo el cáncer logra debilitar los linfocitos T. Observaron que las células cancerosas transfieren sus mitocondrias defectuosas a estas células inmunitarias, lo que altera su funcionamiento. En otras palabras, las células cancerosas sabotean a los linfocitos T enviándoles mitocondrias defectuosas que afectan su capacidad para producir la energía necesaria para su actividad.
Para comprender mejor este mecanismo, imagine una batería que descarga energía inútil en otro dispositivo en lugar de proporcionar energía. Esto hace que los linfocitos T sean menos eficaces, como si estas células inmunitarias recibieran pilas gastadas. Como resultado, pierden vitalidad y capacidad para atacar las células cancerosas, lo que permite que el tumor se desarrolle sin obstáculos.
Los investigadores realizaron esta observación analizando muestras de pacientes con melanoma y cáncer de pulmón no microcítico mientras buscaban mutaciones en el ADN de las mitocondrias. También utilizaron técnicas de vanguardia, como informes fluorescentes y modelos de laboratorio, para observar cómo las mitocondrias defectuosas se transfieren de una célula cancerosa a los linfocitos T.
Se determinó que las mitocondrias de las células cancerosas podían enviarse a los linfocitos T de dos maneras principales: a través de nanotubos, que forman canales entre las células, o a través de vesículas extracelulares, pequeñas burbujas que transportan las mitocondrias. Una vez dentro de los linfocitos T, las mitocondrias defectuosas reemplazan a las mitocondrias sanas, lo que reduce su capacidad para producir la energía necesaria para atacar los tumores.
¿Por qué fallan algunos tratamientos?
Este descubrimiento podría explicar por qué algunos tratamientos contra el cáncer, especialmente los inhibidores de puntos de control inmunitarios, no son eficaces para todos los pacientes. Estos tratamientos buscan desbloquear los linfocitos T para que puedan atacar las células cancerosas de manera más eficiente. Sin embargo, si los linfocitos T ya han sido debilitados por la transferencia de mitocondrias defectuosas, el tratamiento no logra restaurar su plena capacidad. En otras palabras, el cáncer toma ventaja debilitando directamente al ejército de linfocitos T antes de que reciban la ayuda de los medicamentos.
¿Una solución para restaurar la eficacia de los linfocitos T?
En el marco de estas investigaciones, los científicos probaron una solución para bloquear la transferencia de mitocondrias defectuosas de las células cancerosas a los linfocitos T. Utilizaron un compuesto llamado GW4869, que impide la producción de vesículas extracelulares, estas pequeñas burbujas utilizadas por el cáncer para enviar sus mitocondrias a las células inmunitarias. Gracias a este compuesto, los investigadores pudieron detener esta transferencia y permitir que los linfocitos T se recuperaran.
Los resultados fueron prometedores: los linfocitos T mostraron una producción de energía mejorada, menos signos de agotamiento (como la fatiga celular) y una mayor capacidad para atacar las células cancerosas. Además, este enfoque permitió restaurar la eficacia de los inhibidores de puntos de control inmunitarios, tratamientos que buscan estimular el sistema inmunitario para que combata mejor los tumores. Estos inhibidores no siempre son eficaces, especialmente cuando los linfocitos T están debilitados. Sin embargo, al bloquear la transferencia de mitocondrias defectuosas, los investigadores lograron que estos tratamientos funcionaran mejor al hacer que los linfocitos T fueran más fuertes y capaces de cumplir su función. Esto abre nuevas perspectivas para mejorar la eficacia de la inmunoterapia en algunos pacientes.
En resumen, este descubrimiento representa un avance importante en la lucha contra el cáncer. Permite comprender mejor por qué algunos tratamientos fallan y abre el camino a nuevas estrategias terapéuticas.
