Tras seis semanas de bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel, las instalaciones nucleares de Irán han sido degradadas y diversos sectores de su capacidad militar han quedado paralizados. Sin embargo, el potencial ofensivo de la República Islámica es el resultado de un desarrollo sostenido durante casi 50 años, marcado por periodos de guerra y amenazas constantes de conflicto.
Para comprender la trayectoria de la actual Operación Epic Fury, es fundamental analizar la evolución de la estructura militar, las capacidades tecnológicas y las actividades internacionales de Irán.
Evolución de la tecnología militar iraní
Antes de la creación de la República Islámica en 1979, el ejército iraní dependía principalmente de suministros de potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos. Al inicio de la guerra Irán-Irak en 1980, el país contaba con equipamiento moderno, incluyendo miles de tanques y centenares de aviones de combate F-4, F-5 y casi 80 F-14.
No obstante, al finalizar el conflicto en 1988, las fuerzas militares estaban agotadas y el gobierno se encontraba aislado internacionalmente, lo que imposibilitó el reabastecimiento. Aunque en 1990 hubo importaciones de equipo militar desde China y la Unión Soviética, la economía del país no permitía un gasto militar masivo.
Esta situación, sumada a los embargos de armas, obligó al régimen a volverse autosuficiente, impulsando la creación de una industria armamentística nacional. Gran parte del equipo actual es el resultado de la ingeniería inversa de tecnología soviética y estadounidense, aunque mucha de ella es obsoleta. A partir de 1990, la tecnología de misiles mejoró considerablemente gracias a la producción interna y al apoyo de estados marginados como Corea del Norte.

Asimismo, desde la década de 1990, Irán desarrolló una serie de drones de ataque unidireccionales, diseñados como una opción económica para golpear objetivos distantes.
Estructura del ejército iraní moderno
La fuerza militar de Irán se divide en el ejército regular, conocido como Artesh, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Mientras que el Artesh se enfoca en la defensa interna con un rol similar al de una milicia, la Guardia Revolucionaria actúa como la fuerza militar más profesional y es la encargada de proyectar el poder regional.

La Guardia Revolucionaria concentra la mayor parte de los recursos, el personal más capacitado y el mejor equipamiento. A través de la Fuerza Quds, su brazo de guerra no convencional, Irán exporta sus creencias revolucionarias y brinda apoyo armamentístico y guía a diversos grupos proxy en Medio Oriente, fomentando insurrecciones contra gobiernos suníes árabes.
Entre estos vínculos destacan el patrocinio histórico de Hezbolá en el Líbano y el apoyo sustancial a Hamás en Gaza, a pesar de las diferencias religiosas entre el islam chiíta de los gobernantes iraníes y la organización suní de Hamás.
Para ejercer influencia sin arriesgarse a ataques directos, Irán ha implementado la guerra cibernética. Hackers iraníes han atacado redes gubernamentales y militares occidentales, incluyendo la filtración de correos personales del director del FBI, Kash Patel, así como ataques a infraestructuras críticas en EE. UU., como redes eléctricas y plantas de tratamiento de aguas residuales.

La carrera por el armamento atómico
Desde la década de 1980, el gobierno iraní ha buscado persistentemente desarrollar armas nucleares. Aunque Teherán sostiene que su programa es estrictamente para la generación de energía, las pruebas de enriquecimiento de uranio han llevado a los países occidentales a exigir el cese de estas actividades.
En 2010, el malware Stuxnet logró retrasar años los esfuerzos de enriquecimiento al interrumpir el funcionamiento de las centrifugadoras, aunque ninguna nación ha admitido la autoría del ataque. Posteriormente, en 2015, Irán acordó detener el enriquecimiento a cambio de la liberación de activos congelados y el alivio de sanciones económicas, mediante el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA).

A pesar de que la administración Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo en 2018, el JCPOA siguió operando temporalmente. Sin embargo, en 2020, Irán reinició su programa nuclear y aumentó la producción de drones y misiles balísticos.

En junio de 2025, Estados Unidos e Israel ejecutaron un ataque aéreo masivo contra las instalaciones nucleares iraníes, el cual fue descrito por Donald Trump como la destrucción total de dichas instalaciones. Irán respondió con una oleada de drones y misiles balísticos hacia Israel, aunque la mayoría fueron interceptados.
El conflicto de misiles e interceptores
Antes de la Operación Epic Fury, se estimaba que Irán poseía unos 3,000 misiles balísticos y decenas de miles de drones de ataque, con una capacidad de producción considerable para ampliar sus reservas. Durante las primeras seis semanas del conflicto actual, Irán disparó al menos 650 misiles contra Israel y cientos más hacia otros objetivos regionales.
Aunque Estados Unidos se ha centrado en destruir las instalaciones de almacenamiento y producción de misiles, es difícil determinar el inventario actual de Irán. Si bien la capacidad de transporte y producción ha sufrido pérdidas severas y existen patrullas aéreas constantes para localizar lanzadores móviles, la frecuencia de los disparos no ha llegado a cero.
Esto ha generado un debate entre analistas: algunos sugieren que Irán mantiene una reserva significativa de armamento de largo alcance, mientras que el Secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, sostiene que el país ya no tiene la capacidad de lanzar ataques masivos.
