La llegada de Año Nuevo, para muchos, evoca brindis y cielos iluminados. Sin embargo, para los animales, a menudo significa el inicio de una larga noche de temor. Así lo señala la asociación Enpa, que lanza un llamado a cambiar las costumbres: reducir, o incluso eliminar, el uso de petardos y fuegos artificiales que transforman las celebraciones en una pesadilla para millones de animales, tanto domésticos como salvajes.
Según la asociación, las primeras víctimas son las menos visibles. La fauna silvestre es particularmente vulnerable, sufriendo efectos impredecibles: aves asustadas por las explosiones pueden alzar el vuelo repentinamente en la oscuridad, chocando contra obstáculos o muriendo de agotamiento tras huidas desordenadas. Los pequeños mamíferos, como erizos y lirones, pueden abandonar sus refugios, exponiéndose al frío y a los depredadores en momentos críticos. Para los animales más grandes, como zorros y ciervos, la huida representa un doble riesgo: el estrés extremo puede provocar graves consecuencias, incluso malestar, y la carrera desesperada puede exponerlos al peligro de ser atropellados.
Pero, subraya Enpa, el problema no se limita a los bosques y el campo. Incluso los animales que viven en hogares, con un oído mucho más sensible que el humano, pueden interpretar los estruendos como amenazas repentinas e incomprensibles. Esto desencadena reacciones comunes como ataques de pánico, temblores, intentos de fuga y comportamientos destructivos. La fuga, en particular, puede resultar en pérdida o accidentes. La asociación también destaca un aspecto sanitario: el estrés agudo puede agravar afecciones cardíacas, especialmente en animales mayores o ya frágiles.
Para Enpa, el cambio fundamental debe ser cultural, más allá de las regulaciones: “Celebrar no debe significar destruir”. La organización invita a optar por alternativas que preserven el espíritu festivo sin causar daño: espectáculos de luces, fuegos artificiales menos ruidosos e iniciativas que no pongan en riesgo la naturaleza ni a sus habitantes. Esta perspectiva, observa Enpa, está comenzando a influir en las decisiones de diversas administraciones, que están implementando ordenanzas para limitar o prohibir los petardos más ruidosos, también en protección de personas vulnerables.
En conclusión, el llamado es directo: transformar la noche de Año Nuevo en un momento de alegría que no deje atrás miedo, heridas ni víctimas. Porque, recuerda la asociación, una celebración verdaderamente exitosa es aquella que no daña a nadie.
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