La baronesa Thyssen, Carmen Cervera, ha solicitado la ciudadanía andorrana, una decisión estratégica que busca asegurar el futuro fiscal de sus hijas mellizas, de casi 20 años. Según ha publicado la periodista María Eugenia Yagüe en LOC, este movimiento permitiría a la aristócrata y a su familia eludir el impuesto de sucesiones, inexistente en el Principado, además de flexibilizar sus requisitos de residencia.
Ventajas fiscales y cambios en la residencia
El Principado de Andorra es un destino recurrente para grandes fortunas debido a su baja presión fiscal. Tanto la baronesa como su hijo mayor, Borja, han sido residentes en el territorio. Actualmente, para mantener las exenciones, se exige una estancia mínima de seis meses al año; sin embargo, con la obtención de la ciudadanía, Carmen Cervera podría contabilizar su permanencia en periodos alternos que sumen los 180 días requeridos, según apunta Yagüe.
Incertidumbre sobre el estado de salud de la baronesa
Este paso administrativo coincide con un periodo de especial atención sobre la salud de Carmen Cervera. La baronesa sufrió una neumonía hace dos meses, un episodio que obligó a su hijo Borja a desplazarse a su residencia en la Costa Brava y a organizar turnos de guardia con sus hermanas mellizas.

La situación física de la aristócrata ha generado diversas especulaciones. Paloma Barrientos, en su columna para Vanitatis, señala que el estado real de la baronesa es un «misterio». Según Barrientos, durante el periodo de convalecencia, fueron el hijo y el sobrino de la baronesa quienes gestionaron sus comunicaciones, ya que ella «no cogía el teléfono».
Dudas sobre la autenticidad de las comunicaciones
La gestión de las comunicaciones de la baronesa ha despertado sospechas entre su círculo cercano. Barrientos subraya que el estilo de los mensajes recibidos por WhatsApp o llamadas telefónicas no coincidía con los hábitos habituales de la aristócrata. «Quienes la hemos tratado desde hace años y mantenido con ella conversaciones a través de WhatsApp o de llamadas telefónicas, el estilo de esas contestaciones no casaba con su forma de escribir. Entre otras cosas, porque siempre firmaba Tita y no Carmen», explica la periodista en Vanitatis.
