Cerca de la frontera con Luxemburgo, una casa de maternidad en Trèves (Alemania) buscaba ofrecer a las familias una alternativa al parto en clínicas tradicionales. Sin embargo, los gritos de algunas futuras madres durante el trabajo de parto no parecen haber sido del agrado de un vecino, quien impugnó el permiso de funcionamiento del establecimiento. El juicio concluyó con un acuerdo extrajudicial, pero con consecuencias significativas para la casa de maternidad.
Los gritos, una molestia sonora insoportable
La principal razón de la denuncia del vecino ante el tribunal se basó en los ruidos provenientes del centro. En particular, los gritos de las mujeres durante el parto le resultaban una molestia sonora insoportable. Su apartamento se encuentra a solo unos diez metros de la sala donde se realizan los partos. Como parte del acuerdo alcanzado, el establecimiento se comprometió a no utilizar más esa sala. El demandante, a cambio, prometió no emprender más acciones legales.
El problema radica en que aproximadamente el 90% de todos los partos de la casa se realizaban en la sala en cuestión. Aunque los partos siguen siendo posibles en otras salas, esto limita enormemente las posibilidades de las matronas. “No podíamos creerlo. Para las familias, por supuesto, es una gran catástrofe”, confió la directora del establecimiento, Sarah Wolff, a Tagesschau.de.
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(joc)
