Con efecto inmediato, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU (CDC) han anunciado un cambio significativo en sus recomendaciones de vacunación para niños. Ya no se recomendará la vacunación universal contra el rotavirus, la influenza, la enfermedad meningocócica, el virus respiratorio sincitial (VRS), la hepatitis A y la hepatitis B.
En su lugar, las vacunas contra estas enfermedades se reservarán para aquellos niños y bebés que presenten un alto riesgo o que sean recomendados individualmente por sus médicos.
Las autoridades sanitarias justifican esta modificación como un esfuerzo por fortalecer la confianza pública en las vacunas, enfocándose en las inmunizaciones consideradas más esenciales para la población infantil. “Esta decisión protege a los niños, respeta a las familias y restaura la confianza en la salud pública”, declaró el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr.
Si bien las autoridades aseguran que esta revisión del calendario de vacunación federal no afectará el acceso ni la cobertura del seguro para las vacunas, la medida ha generado fuertes críticas por parte de expertos médicos. Estos advierten que podría disminuir la aceptación de vacunas importantes y, como consecuencia, aumentar la incidencia de enfermedades prevenibles.
Los especialistas expresaron su desacuerdo, argumentando que el cambio, realizado sin un debate público ni una revisión transparente de los datos, podría poner en peligro la salud de los niños. Michael Osterholm, del Vaccine Integrity Project de la Universidad de Minnesota, advirtió que “abandonar las recomendaciones de vacunas contra la gripe, la hepatitis y el rotavirus, y modificar la recomendación sobre el VPH sin un proceso público para evaluar los riesgos y beneficios, resultará en más hospitalizaciones y muertes evitables entre los niños estadounidenses”.
Este cambio se produce tras una solicitud del presidente Donald Trump en diciembre al secretario Kennedy Jr. para que revisara las recomendaciones de vacunación de otros países y considerara alinear el calendario estadounidense con sus directrices.
