¿Por qué las personas ciegas, cuando no detectan la luz, son capaces de saber si es de día o de noche? La respuesta se encuentra en las células ganglionares de la retina (RGC), un tipo de neurona especializada de la que se han descrito más de 25 variedades. Estas células se encargan de transmitir la información captada por los fotorreceptores –conos y bastones– al cerebro, donde se procesa la información visual.
Sin embargo, la clave para entender este fenómeno reside en un pequeño grupo de células ganglionares de la retina denominadas “intrínsecamente fotosensibles” (ipRGC). Estas neuronas son capaces de producir su propio pigmento fotosensible, la melanopsina, lo que les permite detectar la luz de forma independiente de los conos y bastones. Esta información se envía a la región del cerebro que regula los ritmos circadianos, nuestro reloj biológico interno.
Lo más sorprendente es que estas células ipRGC continúan funcionando incluso en personas con ceguera causada por daño en los fotorreceptores, como en la retinosis pigmentaria, o por la muerte de neuronas ganglionares debido al aumento de la presión intraocular, como ocurre en el glaucoma, la principal causa de ceguera irreversible a nivel mundial.

No todas las neuronas de la retina dejan de funcionar a la vez
La especialización de las neuronas visuales explica que no todas respondan al daño de la misma manera. Las células ganglionares con melanopsina son las más resistentes en el glaucoma. En esta enfermedad, las RGC mueren progresivamente, comenzando por las situadas en la periferia. La pérdida de visión periférica suele pasar desapercibida hasta que afecta la región central, momento en el que ya es demasiado tarde. Por ello, al glaucoma se le conoce como la “ceguera silenciosa”.
Esta ceguera es irreversible, ya que las neuronas dañadas no pueden regenerarse. Por ello, es importante identificar las características de las células ganglionares más sensibles para intentar protegerlas antes de que sufran daños irreparables.

En humanos, determinar qué subtipos de neuronas ganglionares están afectadas es complejo, aunque se utilizan pruebas con luces de diferentes longitudes de onda. La tomografía de coherencia óptica (OCT) permite visualizar las capas de la retina con precisión, pero no distingue con certeza los diferentes tipos de células. Por ello, los modelos animales son esenciales para analizar qué neuronas sobreviven en cada etapa de la enfermedad.
Recientemente, nuestro grupo de investigación ha identificado que las células ganglionares con melanopsina son las más resistentes en las primeras etapas del glaucoma en ratas. Este hallazgo también se observa en pacientes humanos, quienes, a pesar de la ceguera, conservan la capacidad de distinguir entre el día y la noche.
Por el contrario, las primeras neuronas en sucumbir al aumento de la presión intraocular son las que responden a movimientos específicos, ubicadas en la periferia. Este patrón de degeneración es similar al observado en personas con glaucoma.
Comprender las características que hacen que algunas neuronas sean más vulnerables que otras puede conducir al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas para combatir el glaucoma, una enfermedad neurodegenerativa que sigue siendo una de las principales causas de ceguera en el mundo.
