La voluntad de Bruselas de reforzar la «preferencia europea» en la industria ya está generando fuertes reacciones a nivel internacional. China ha denunciado los planes de la Unión Europea para favorecer la producción local, argumentando que podrían socavar las reglas del libre comercio y restringir el acceso de las empresas extranjeras al mercado europeo.
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El cambio de paradigma en Bruselas, que finalmente ha decidido fortalecer su postura en lo que respecta a la preferencia europea en la producción industrial, evidentemente no beneficia a China, que lo ha hecho saber en las últimas horas.
El gigante asiático ha criticado las propuestas de Bruselas para apoyar la producción industrial europea, incluyendo la automotriz, denunciando este jueves una violación de los principios del libre comercio. «Esta propuesta, mediante la introducción de requisitos de contenido ‘Made in Europe’, disposiciones obligatorias en materia de transferencia de tecnología y un examen riguroso de las inversiones extranjeras, remodelaría considerablemente las reglas de acceso al mercado dentro de la UE», lamentó en un comunicado la Cámara de Comercio China ante la Unión Europea. China, siempre dispuesta a presentarse como víctima del proteccionismo extranjero, como también lo hizo recientemente con la India.
La China denuncia un modelo de exclusión
Además, la Cámara de Comercio China, que representa a las empresas chinas en Europa, estima que las medidas propuestas, de aplicarse, conducirían a la economía europea «hacia un modelo más proteccionista y de exclusión«, lo que podría «perjudicar la reputación bien establecida de la UE como un mercado abierto y basado en reglas».
Europa recuerda las condiciones de Pekín
Pekín, por su parte, intenta ocultar sus propias reglas en materia de inversión extranjera dentro de sus fronteras. En una reciente entrevista concedida a Les Echos, el vicepresidente de la Comisión, Stéphane Séjourné, recordó cómo se desarrollan las inversiones extranjeras en China: «Pekín exige a las empresas europeas un socio chino obligatorio, limita su participación al 40% y exige una transferencia de tecnología (…) Nuestras condiciones son incluso menos estrictas que las de China». M. Séjourné se hizo eco de la propuesta de ley de Bruselas sobre el «Made in Europe«, que tiene como objetivo revitalizar la producción industrial europea y resistir mejor a la competencia china, imponiendo requisitos de contenido local a ciertas empresas que se benefician de fondos públicos.
Los socios de confianza no están afectados
Esta disposición de la Comisión Europea -que ha defendido sus propuestas explicando que se inspiran en reglas protectoras ya vigentes en varios países, incluida China-, prevé además asimilar al contenido europeo los productos procedentes de socios de confianza que defiendan valores comparables a los de la UE, como el Reino Unido o Japón, sujeto a reciprocidad. Criterios que excluyen de facto a China de los países elegibles para este dispositivo, lo que la Cámara de Comercio China critica, al ver en ello un riesgo de «discriminación» contra sus empresas.
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