China ha consolidado su posición como una de las naciones que más ha transformado su territorio a través de la infraestructura en las últimas décadas. La construcción de carreteras, puentes, ferrocarriles de alta velocidad y proyectos de ingeniería de gran envergadura se han convertido en un sello distintivo de su estrategia de desarrollo.
Estas infraestructuras, erigidas en territorios extensos y diversos, están redefiniendo la relación entre las personas y las regiones, acortando distancias que históricamente han condicionado el comercio, la movilidad y el desarrollo local. En este proceso, la geografía ha dejado de ser un obstáculo para convertirse en un desafío que se aborda mediante la planificación, la inversión y la tecnología.
Las regiones occidentales y noroccidentales de China, en particular, han sido tradicionalmente áreas de difícil acceso, caracterizadas por importantes barreras naturales y una conectividad limitada. Mejorar la conexión entre estas zonas y los principales centros urbanos del país es una prioridad estratégica que busca la integración territorial, el impulso productivo y la modernización de la infraestructura logística. Cada nuevo corredor vial o ferroviario en estos territorios no solo implica un cambio en los mapas, sino también en las dinámicas económicas y sociales.
En este contexto, destaca la reciente inauguración oficial del Túnel Tianshan Shengli, la autopista subterránea más larga del mundo. Con una longitud continua de 22,13 kilómetros, este túnel atraviesa la cordillera de Tianshan, una cadena montañosa de más de 2.500 kilómetros en la región de Xinjiang, facilitando la conexión entre la capital regional, Urumqi, y la ciudad de Korla.
El proyecto, que requirió una inversión de aproximadamente 46.700 millones de yuanes (unos 6.630 millones de dólares), se diseñó para superar un terreno extremadamente complejo, marcado por altitudes superiores a los 3.000-4.000 metros, condiciones climáticas adversas, actividad sísmica y frecuentes cierres de carreteras. Un trayecto que anteriormente podía tomar hasta siete horas, ahora se completa en tres horas y media, y el cruce de la zona más complicada se ha reducido a tan solo 20 minutos. Las autoridades han destacado que la autopista, equipada con dos tubos de circulación y un conducto central de servicio, está diseñada para velocidades de hasta 100 km/h.
La construcción del túnel presentó numerosos desafíos técnicos y ambientales. Equipos de perforación especializados y métodos de tunelación de última generación permitieron avanzar en condiciones extremas, reduciendo el tiempo de ejecución en más de un 25% y atravesando hasta 16 zonas de fallas geológicas, con elevadas presiones del terreno y temperaturas bajo cero en las zonas más altas.
Para minimizar el impacto ambiental, el proyecto incorporó caminos de acceso ecológicos y sistemas de gestión y reutilización de residuos, con el objetivo de proteger áreas sensibles, incluyendo zonas de glaciares y hábitats de especies en peligro de extinción, como el leopardo de las nieves.
El túnel tiene importantes implicaciones económicas para Xinjiang y para la conectividad euroasiática. El gobierno chino ha señalado que esta obra se enmarca dentro de una estrategia más amplia para integrar la región en corredores comerciales clave, impulsar el desarrollo interno y fortalecer la participación de Xinjiang en la Ruta de la Seda y otras rutas de transporte entre Asia y Europa.
La apertura de este tramo también se considera un incentivo para atraer inversiones, fomentar la creación de empleo y potenciar el intercambio comercial entre regiones, además de facilitar el acceso a los recursos naturales de la vasta región noroccidental del país.
