A neural circuit connecting brain areas related to risk and reward can makes it hard to start a difficult task. Credit: Plume Creative/Getty
A veces, lo más difícil de realizar una tarea desagradable es simplemente empezar: escribir la primera palabra de un informe extenso, levantar el plato sucio de un fregadero rebosante o quitar la ropa de una bicicleta de ejercicio sin usar. El obstáculo no es necesariamente la falta de interés en completar la tarea, sino la resistencia del cerebro a dar el primer paso.
Ahora, los científicos podrían haber identificado el circuito neuronal detrás de esta resistencia, y una forma de aliviarla. En un estudio publicado hoy en Cell Reports, los investigadores describen una vía en el cerebro que parece actuar como un ‘freno de la motivación’, disminuyendo el impulso de comenzar una tarea1. Cuando el equipo suprimió selectivamente este circuito en monos macacos, el comportamiento orientado a objetivos se recuperó.
“El cambio después de esta modulación fue dramático”, afirma Ken-ichi Amemori, neurocientífico de la Universidad de Kioto y coautor del estudio.
Este freno de la motivación, que puede ser particularmente persistente en personas con ciertas condiciones psiquiátricas como la esquizofrenia y el trastorno depresivo mayor, es distinto de la evitación de tareas impulsada por la aversión al riesgo en los trastornos de ansiedad.
Pearl Chiu, psiquiatra computacional de Virginia Tech, en Roanoke, que no participó en el estudio, señala que comprender esta diferencia es esencial para desarrollar nuevos tratamientos y perfeccionar los existentes. “Poder restaurar la motivación es especialmente emocionante”, dice.
Monos macacos motivados
Trabajos previos sobre el inicio de tareas han implicado un circuito neuronal que conecta dos partes del cerebro conocidas como el estriado ventral y el pálido ventral, ambos involucrados en el procesamiento de la motivación y la recompensa2,3,4. Sin embargo, los intentos de aislar el papel de este circuito han sido infructuosos. La estimulación eléctrica, por ejemplo, activa inadvertidamente regiones posteriores, afectando la motivación, pero también la ansiedad.
En el nuevo estudio, Amemori y su equipo utilizaron un enfoque más preciso. Primero, entrenaron a dos monos macacos machos para realizar dos tareas de toma de decisiones. En una, completar la tarea obtenía una recompensa de agua; en la otra, la recompensa se asociaba con una ráfaga de aire desagradable en la cara. Cada prueba requería que los monos iniciaran la tarea fijando la mirada en un punto central en una pantalla hasta que apareciera la oferta de recompensa o castigo. Esto permitió a los investigadores medir la motivación observando con qué frecuencia los monos no comenzaban.
No es sorprendente que los monos fueran más vacilantes cuando la posibilidad de un castigo era inminente. Pero eso cambió cuando el equipo utilizó una técnica genética dirigida para suprimir la señalización del estriado ventral al pálido ventral. Aunque la supresión tuvo poco efecto en el comportamiento de los monos durante las pruebas solo de recompensa, los hizo significativamente más dispuestos a comenzar frente a un resultado potencialmente desagradable. La supresión, sin embargo, no alteró la forma en que los animales sopesaban la recompensa frente al castigo.
El equipo había desactivado efectivamente el freno de la motivación. Los datos de comportamiento del estudio y las grabaciones electrofisiológicas sugieren que el estriado ventral detecta condiciones adversas y suprime la actividad del pálido ventral, lo que hacía que los animales fueran menos propensos a actuar. “El pálido ventral podría ser el centro del déficit de motivación o la apatía en la depresión”, dice Amemori.
