Un equipo de investigación de Corea del Sur ha descubierto que el fármaco clozapina, ampliamente utilizado en el tratamiento de la esquizofrenia resistente al tratamiento, induce cambios significativos en la microestructura del cerebro. La esquizofrenia es un trastorno mental grave que se caracteriza por síntomas como delirios y alucinaciones, y puede dificultar el mantenimiento de relaciones interpersonales, el rendimiento académico y el empleo.
Aproximadamente el 30% de los pacientes diagnosticados con esquizofrenia no responden a dos o más fármacos antipsicóticos de primera línea, lo que los clasifica como afectados por esquizofrenia resistente al tratamiento. En estos casos, la clozapina se utiliza como último recurso.
Aunque la clozapina es el único fármaco antipsicótico aprobado a nivel nacional e internacional para el tratamiento de la esquizofrenia resistente al tratamiento, entre el 40% y el 70% de los pacientes que la reciben no experimentan una respuesta terapéutica completa. Esto ha generado la necesidad de comprender los mecanismos por los cuales la clozapina ejerce sus efectos en el cerebro.
Los investigadores, liderados por el profesor Kim Ui-tae del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bundang Seoul, utilizaron una técnica llamada «análisis de textura» para detectar cambios en la microestructura cerebral que no son visibles con los métodos convencionales de resonancia magnética (RM). Este análisis permitió identificar alteraciones sutiles en la estructura cerebral de los pacientes que respondieron al tratamiento con clozapina.
Los hallazgos sugieren que el estado cerebral previo al tratamiento podría ser un factor predictivo de la eficacia de la clozapina, lo que permitiría identificar a los pacientes con mayor probabilidad de beneficiarse de este fármaco y optimizar las estrategias de tratamiento.
