A estas alturas, el cometa interestelar 3I/ATLAS, descubierto en julio de 2025 y confirmado como el tercer objeto conocido proveniente de fuera de nuestro sistema solar, ha generado un amplio debate, sorpresas y numerosas interrogantes tras su paso cercano a la Tierra y su posterior recorrido alrededor del Sol. Su despedida, sin embargo, no ha sido definitiva.
Un reciente estudio, publicado en arXiv, revela un cambio inesperado en el comportamiento de 3I/Atlas. Investigadores liderados por Michael Werner analizaron imágenes infrarrojas captadas por el observatorio espacial SPHEREx de la NASA, detectando un aumento significativo en la actividad del cometa después de alcanzar el perihelio (el punto más cercano a su órbita alrededor del Sol). Este incremento se manifiesta en la liberación de agua, gases y compuestos orgánicos a un ritmo inusitado.
Previo a su aproximación al Sol, mientras se encontraba entre las órbitas de Júpiter y Marte, 3I/ATLAS presentaba características de un objeto relativamente “frío” y con escasa actividad. El análisis espectroscópico realizado por SPHEREx en agosto de 2025 indicó la presencia detectable de dióxido de carbono (CO₂), mientras que la cantidad de agua (H₂O), monóxido de carbono (CO) y moléculas orgánicas simples era mínima o indetectable.
La situación cambió drásticamente tras el perihelio (el 29 de octubre de 2025). Observaciones infrarrojas de diciembre revelaron un cometa transformado, con emisiones intensas de agua, CO, CO₂, nitrilo (CN) y una diversidad de compuestos orgánicos como metanol, formaldehído, metano y etano. La producción de CO y H₂O se incrementó aproximadamente en un factor de 20 en comparación con las mediciones previas al perihelio, lo que sugiere la activación de una nueva región de hielo dentro de 3I/ATLAS que previamente no se sublimaba (pasaba directamente de sólido a gas).
Los cometas “típicos” de nuestro sistema solar, originarios de la Nube de Oort o con periodos largos, exhiben patrones similares al acercarse al Sol. La radiación solar calienta gradualmente los hielos que contienen sustancias volátiles, liberando primero los más ligeros y, a medida que aumenta la temperatura, también los menos volátiles como el agua. En el caso de 3I/ATLAS, la liberación de prácticamente todos los componentes volátiles, y no solo el CO₂, sugiere que la “onda térmica” del Sol ha penetrado más profundamente en su núcleo, exponiendo material que antes estaba protegido en capas internas.
Esta transición resulta especialmente interesante porque distingue entre la actividad cometaria “superficial” (calentamiento y liberación de gases en la capa externa) y la actividad más profunda, donde el calor solar alcanza zonas internas que contienen hielo fresco mezclado con polvo y compuestos orgánicos. La detección de múltiples especies gaseosas nuevas, incluyendo compuestos orgánicos (C-H), no solo confirma que 3I/ATLAS es rico en materiales volátiles, sino que su composición química presenta similitudes significativas con los cometas de nuestro sistema solar. Esto apunta a procesos de formación y evolución química que podrían ser comunes en diferentes sistemas estelares.
Además de las emisiones de gases, las imágenes de SPHEREx muestran que la morfología de la “coma” (el halo de gas y polvo que rodea el núcleo del cometa) también se modificó tras el perihelio. Mientras que antes de su acercamiento al Sol, las comas de CO₂ y CO presentaban una apariencia más simétrica, en la etapa posterior se observó una forma más alargada para el polvo y los compuestos orgánicos. Esto indica que diferentes moléculas se están liberando desde distintas partes del núcleo y que este reacciona de manera particular a la radiación solar.
Desde una perspectiva científica, la transformación de 3I/ATLAS, de una actividad mínima a una “actividad cometaria completa”, refuerza la idea de que muchos cuerpos congelados pueden permanecer inactivos hasta que cruzan la llamada línea de hielo: la distancia al Sol donde alcanzan la temperatura necesaria para que la mayoría de sus hielos comiencen a sublimar. Esta transición, común en los cometas de nuestro sistema solar, ahora se observa también en un objeto que claramente se formó lejos de nuestra estrella, lo que podría proporcionar información valiosa sobre cómo se estructuran y evolucionan los cuerpos pequeños en otros sistemas estelares.
El estudio aún está pendiente de revisión por parte de otros científicos para validar los hallazgos, pero establece un precedente importante para futuras observaciones de objetos interestelares, visitantes que se espera lleguen en los próximos años en un número cada vez mayor.
