Un padre de familia relató cómo el cambio a una escuela alternativa coincidió con el inicio de la pandemia de COVID-19, un período en el que su hijo quedó aislado socialmente sin poder asistir a clases presenciales ni interactuar con compañeros. Según declaró a un medio local, «en esa etapa el niño quedó como ‘desconectado’, sin posibilidad de hacer amigos ni mantener contacto con otros estudiantes».
La situación refleja uno de los impactos menos visibles de la crisis sanitaria en la infancia: el aislamiento prolongado y la falta de interacción social en un contexto educativo ya no convencional. Expertos en desarrollo infantil señalan que estos vacíos pueden afectar el bienestar emocional y las habilidades sociales, especialmente en niños en edad escolar.
El testimonio forma parte de un debate más amplio sobre cómo las medidas de contención —como el cierre de escuelas— agravaron desafíos preexistentes en sistemas educativos alternativos, donde la flexibilidad y el apoyo comunitario suelen ser clave para el aprendizaje.
