El estrés y la ansiedad son problemas cada vez más comunes en la sociedad actual. Aunque son respuestas naturales del organismo, se convierten en perjudiciales cuando se mantienen de forma constante, afectando tanto la salud física como la mental.
En estas situaciones, el cuerpo libera cortisol, conocida como la hormona del estrés. Mantener niveles elevados de cortisol durante periodos prolongados puede interferir con el sueño, aumentar el cansancio y dificultar la concentración.
Sin embargo, es importante no asociar el aumento de esta hormona con algo negativo. El doctor Antelm Pujol explica que el verdadero problema no es tener el cortisol elevado en momentos puntuales, sino que es una hormona esencial para la vida y el rendimiento. De hecho, los picos de cortisol son necesarios para que el cuerpo responda adecuadamente ante situaciones de demanda, esfuerzo o desafío, activando la energía y mejorando la atención.
El especialista insiste en que lo crucial no es un valor aislado en un análisis, sino el contexto de la persona. No es lo mismo atravesar una etapa de alta exigencia que estar en periodo de descanso o vacaciones.
Los niveles de cortisol deben variar según la situación vital, y es fundamental que esta variación sea coherente. El problema surge cuando el cortisol permanece elevado de forma crónica sin una justificación real, lo que puede deberse a estrés sostenido, falta de descanso o exposición continua a situaciones de presión.
Cuando el organismo no tiene tiempo para recuperarse, se mantiene en estado de alerta, lo que puede alterar el equilibrio hormonal y afectar a diversos sistemas del cuerpo. Un ejemplo claro es la incapacidad de desconectar durante las vacaciones, manteniendo altos los niveles de estrés.
Si se observa que los niveles de cortisol se mantienen elevados en periodos de descanso, es fundamental aprender a relajarse. Se recomienda priorizar actividades como caminar al aire libre, meditar, realizar ejercicios de respiración y establecer horarios regulares de sueño.
Es importante evitar la sobreexposición a correos electrónicos, tareas laborales y redes sociales, reduciendo la estimulación digital innecesaria. Además, mantener una alimentación equilibrada y realizar ejercicio moderado ayuda a regular el organismo. Si la situación resulta abrumadora, es importante buscar ayuda profesional.
