El 22 de abril de 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitió una advertencia contundente: un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz podría desencadenar una «catástrofe alimentaria global», ya que entre el 20% y el 45% de los insumos clave para la agricultura mundial dependen de esa ruta marítima.
La FAO destacó que los países más pobres serían los más afectados, pues los retrasos en el acceso a fertilizantes se traducirían rápidamente en una disminución de la producción agrícola. Además, advirtió que las restricciones históricas a los envíos de energía y fertilizantes han provocado anteriormente aumentos en los precios de los alimentos, por lo que instó a las naciones a «no limitar los envíos» y a «reflexionar profundamente» sobre los mandatos de biocombustibles, dado el riesgo de reducir aún más los suministros globales de alimentos.
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, advirtió de una «tormenta perfecta» si, además del cierre del Estrecho de Ormuz, el mundo experimenta un fuerte fenómeno de El Niño, lo que agravaría las presiones sobre los sistemas alimentarios.
Ante la creciente preocupación, Sri Lanka, ya afectada por deudas antiguas por fertilizantes, se comprometió a otorgar subsidios a los agricultores para acceder a estos insumos, según informó el Sunday Times del país.
En India, el temor a una escasez de fertilizantes es particularmente alto, según informó Scroll.in, mientras que en el Reino Unido se intensifica el debate sobre el uso de tierras agrícolas para proyectos de energía renovable, como la expansión de parques solares, lo que ha generado controversia, especialmente en torno al proyecto Springwell.
Estos temas fueron destacados en la edición del 22 de abril de 2026 del boletín quincenal «Cropped» de Carbon Brief, que recoge los desarrollos más relevantes en la intersección entre clima, tierra, alimentación y naturaleza.
