La deuda pública global continúa su ascenso, alcanzando niveles históricos según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2025, la deuda pública mundial alcanzó el 94 por ciento del producto interno bruto (PIB) global, frente al 92 por ciento registrado en 2024. Para este año, el FMI proyecta un aumento al 95,3 por ciento del PIB mundial, con la expectativa de que para 2029 se supere la barrera simbólica del 100 por ciento, un nivel no visto desde el periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.
El aumento más significativo se observa en las dos mayores economías del mundo: Estados Unidos y China. En los próximos años, se prevé que los déficits presupuestarios en EE.UU. Oscilen entre el siete y el ocho por ciento del PIB, sin señales de consolidación fiscal a corto plazo. Según las proyecciones del FMI, la deuda total de Estados Unidos podría alcanzar el 142 por ciento del PIB para 2031. En China, se espera que la deuda pública alcance el 127 por ciento del PIB en el mismo año, impulsada por altos déficits estructurales.
En contraste, la situación en Alemania y la zona euro muestra una trayectoria más moderada. Para 2031, se espera que la deuda pública alemana alcance aproximadamente el 74 por ciento del PIB, frente al cerca del 65 por ciento previsto para este año. En la Unión Europea, aunque existe una norma que establece un límite del 60 por ciento del PIB para la deuda pública, muchos Estados miembros han superado ese umbral durante años. El FMI estima que la deuda de la eurozona alcanzará alrededor del 88 por ciento del PIB en 2026, con una proyección de casi el 90 por ciento para 2031, describiéndola como una evolución relativamente estable.
El organismo internacional advierte que, en numerosos países, los niveles actuales de endeudamiento siguen siendo superiores a los registrados durante la pandemia de COVID-19, cuando se produjo un aumento brusco debido a los estímulos fiscales y la caída de los ingresos tributarios. El FMI subraya que, sin ajustes estructurales en las cuentas públicas, el riesgo de una mayor presión sobre la sostenibilidad de la deuda persiste, especialmente en economías con altas dependencias de financiamiento externo o crecimiento económico débil.
