Cruyff: La dieta del genio que impactaría a los nutricionistas

by Editora de Salud

En el siglo XXI, la nutrición deportiva se centra en planes personalizados, control de macronutrientes, suplementación precisa y protocolos estrictos para la competición. Sin embargo, en las décadas de 1970 y 1980, incluso en el fútbol de élite europeo, la situación era muy diferente. Un ejemplo claro es el de Johan Cruyff, uno de los jugadores más influyentes de la historia, cuya relación con la comida se basaba más en la intuición y los hábitos personales que en criterios científicos. Para Cruyff, la dieta no era una herramienta para optimizar el rendimiento, sino algo secundario en comparación con su talento natural y un metabolismo privilegiado en el que confiaba plenamente.

La dieta de Johan Cruyff que sorprendería a los nutricionistas actuales

Criado en Ámsterdam, hijo de dueños de una tienda de frutas y verduras, creció rodeado de productos frescos y alimentación tradicional, pero sin un plan estructurado ni restricciones específicas. No seguía un régimen de cantidades o combinaciones; comía con normalidad, sin obsesiones. Su rutina como futbolista profesional no iba acompañada de tablas nutricionales ni de preparadores que pesaran cada gramo ingerido. En esa época, la cultura deportiva aún no consideraba la nutrición como un pilar estratégico.

Una dieta sin planificación / Foto: Unsplash

Un aspecto llamativo, desde la perspectiva actual, era su costumbre de comer un sándwich apenas una hora antes de los partidos. Mientras otros jugadores respetaban tiempos de digestión más largos y pautas para evitar molestias gastrointestinales, Cruyff priorizaba la comodidad inmediata. No parecía afectarle en su rendimiento, confiando plenamente en su propio cuerpo.

En cuanto a sus preferencias, disfrutaba de la cocina casera tradicional. Le gustaba el pescado, los estofados y platos típicos neerlandeses como la sopa espesa de guisantes con manteca. Esto contrasta con los menús precompetición actuales basados en arroz blanco, pollo a la plancha y un control estricto de grasas. Sin embargo, un hábito constante en su rutina era el tabaco. Durante años, fumaba hasta veinte cigarrillos al día, incluso en el vestuario antes de jugar o en el descanso, una práctica hoy incompatible con cualquier protocolo médico deportivo.

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El punto de inflexión llegó en 1991, cuando sufrió problemas cardíacos que requirieron una operación. A partir de entonces, Cruyff, ya como entrenador, adoptó un estilo de vida más controlado. Eliminó las grasas saturadas y los hábitos tóxicos, siguiendo recomendaciones médicas para proteger su salud cardiovascular. El tabaco desapareció, siendo sustituido en el banquillo por un Chupa Chups para calmar la ansiedad.

El tabaco desapareció de su vida / Foto: Unsplash

Eliminó las grasas saturadas y los hábitos tóxicos, siguiendo recomendaciones médicas

La evolución de su alimentación refleja la transformación del fútbol profesional. Lo que era normal en los años 70, hoy sería motivo de preocupación médica. La dieta de Cruyff no solo sorprendería a los nutricionistas actuales, sino que también recordaría cuánto ha avanzado la ciencia aplicada al deporte de élite.

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