Cuba acepta ayuda humanitaria de EE.UU. Por 100 millones de dólares para enfrentar crisis de combustible y alimentos
El gobierno cubano anunció este jueves que aceptará asistencia humanitaria por 100 millones de dólares de Estados Unidos, destinada a alimentos, combustible y medicinas, en un giro sin precedentes en medio de una aguda escasez de recursos que afecta al país caribeño. La ayuda, canalizada a través de la Iglesia Católica, busca aliviar la grave situación que enfrenta la isla tras agotar sus reservas de combustible, según confirmaron fuentes oficiales.
La decisión fue comunicada por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien declaró que, de existir disposición por parte de Washington para brindar apoyo, «no encontrará obstáculos ni ingratitud de parte de Cuba». El mandatario subrayó que la medida responde a una necesidad urgente y no a una concesión política, aunque el anuncio llega en un contexto de tensiones históricas entre ambos países.
La ayuda, valorada en 100 millones de dólares, se enfocará en tres pilares críticos: la provisión de alimentos básicos para la población, la reposición de stocks de combustible —esencial para el funcionamiento de servicios esenciales como hospitales y transporte— y el suministro de medicinas. Según informes oficiales, la isla ha agotado sus reservas de combustible, lo que ha paralizado parcialmente sectores clave de la economía y generado colas interminables en estaciones de servicio.
El anuncio fue recibido con escepticismo por sectores opositores en el exilio, como el senador republicano Marco Rubio, quien acusó al régimen de «bloquear ayuda humanitaria» y aseguró que el plan de Washington para Cuba es «un futuro próspero» si se eliminan las restricciones impuestas por el gobierno. Sin embargo, desde La Habana se insiste en que esta apertura es exclusiva para aliviar una crisis humanitaria y no tiene implicaciones en la política exterior.

La aceptación de fondos estadounidenses contrasta con la histórica postura cubana de rechazar cualquier tipo de ayuda proveniente de EE.UU., especialmente bajo el argumento de que podría estar condicionada a cambios en el sistema político. No obstante, la gravedad de la situación económica —agravada por el bloqueo comercial impuesto por Washington y la caída de aliados tradicionales como Rusia y Venezuela— parece haber forzado una reevaluación de la postura oficial.
Mientras tanto, la población cubana enfrenta días de racionamiento extremo, con reportes de cortes de luz prolongados y desabastecimiento en mercados estatales. Autoridades sanitarias han advertido sobre el riesgo de colapso en servicios médicos si no se garantiza el suministro de combustible para generadores y vehículos de emergencia.
La Iglesia Católica, tradicionalmente neutral en el conflicto entre Cuba y EE.UU., será la encargada de distribuir los recursos, lo que podría facilitar la entrega sin intermediación del gobierno estadounidense. Hasta el momento, no se han detallado los plazos para la llegada de los fondos ni los mecanismos de supervisión que evitarían su desvío.
Este anuncio marca un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, aunque analistas consultados advierten que la ayuda podría ser insuficiente para resolver problemas estructurales como la inflación, la fuga de cerebros y la dependencia de importaciones. Mientras, en el Congreso de EE.UU., legisladores republicanos y demócratas debaten si flexibilizar aún más las sanciones para agilizar el envío de ayuda directa.
