La portada de Daphne Byrne, cómic de Kelley Jones y Laura Marks, es una declaración de intenciones. Imposible ignorar su fuerza visual, que anticipa un terror gótico elegante y perturbador. La imagen, magnética e inquietante, es tan impactante que se convierte en la principal razón para adentrarse en esta historia.
Ambientada en el siglo XIX, una época fascinada por el espiritismo y lo sobrenatural, la obra explora el choque entre la fe, la sugestión y la razón. Figuras como Arthur Conan Doyle, defensor de los fenómenos paranormales, contrastan con la labor de desenmascaradores como Harry Houdini, creando un caldo de cultivo perfecto para el horror.
La atmósfera gótica está meticulosamente construida, con una iluminación tenue que acentúa la opresión y el misterio. El trazo de Kelley Jones difumina los límites entre la realidad y las pesadillas, transformando personajes cotidianos en seres demoníacos. Esta visión distorsionada recuerda a la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James, donde lo psicológico y lo sobrenatural se entrelazan de forma inextricable.
En el centro de la narrativa se encuentra Daphne Byrne, una joven de catorce años en una etapa crucial de su vida, marcada por la pérdida de su padre y una relación distante con su madre. Su soledad, curiosidad y vulnerabilidad la convierten en presa fácil para la manipulación de Hermano, un demonio que se presenta como un amigo.
Si bien Daphne Byrne se enmarca dentro del género del terror, la obra profundiza en el terror psicológico. Hermano es un maestro manipulador que, con halagos y amenazas, va deformando la realidad de Daphne y controlando su voluntad. Su transformación, que evoca la posesión demoníaca de El exorcista, plantea una inquietante pregunta: ¿la maldad reside en Daphne desde el principio o es una semilla plantada por el demonio?
La obra también explora temas como el satanismo y las sectas, creando una sensación de amenaza colectiva. El contraste entre lo auténticamente sobrenatural y lo fraudulento, ejemplificado por un personaje que desenmascara sesiones espiritistas, añade una capa de ambigüedad a la historia.
El arte de Kelley Jones destaca especialmente en las escenas de pesadilla y visiones demoníacas. Aunque el guion puede resultar predecible en algunos momentos, Daphne Byrne es una lectura sólida y sugerente, ideal para los amantes del terror gótico, las atmósferas densas y las historias donde el verdadero horror reside en la manipulación, el duelo y la fragilidad emocional.
