BEIJING, Kompas.com – Para muchos, una carrera como gerente senior en una empresa inmobiliaria gigante representa la cima del éxito.
Sin embargo, para Yue Li, ese prestigioso puesto se convirtió en una prisión que agotaba su salud física y mental.
Cansada de una rutina sofocante, Yue Li tomó una decisión extrema.
Renunció a su estabilidad en la capital y eligió vivir en la isla de Dongzhai, una isla deshabitada en la región del Mar de China Oriental.
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Del escritorio a un criadero de peces
El contraste entre la antigua y la nueva vida de Yue Li es llamativo. Durante 20 años, estuvo acostumbrada a un ritmo de trabajo frenético.
“Viajaba por negocios 300 días al año. En Beijing, pasaba cuatro horas diarias solo en desplazamientos de ida y vuelta al trabajo. Mi salud estaba en un punto crítico”, recordó Yue Li, citada por SCMP, el lunes 9 de febrero de 2026.
Ahora, las tareas diarias de Yue Li están muy lejos de las reuniones y los informes inmobiliarios. Como inspectora de calidad en un criadero de peces, debe registrar la temperatura del agua, controlar las olas y revisar el equipo de alimentación.
Su salario también se redujo drásticamente a solo 3.000 yuanes, o alrededor de 7,8 millones de rupias indonesias por mes.
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Luchando contra tormentas y ratones
Vivir en una isla deshabitada no es tan idílico como las fotos en las redes sociales. Durante el primer mes, Yue Li tuvo que enfrentarse a condiciones climáticas extremas.
“Cuando llovía mucho, el agua se filtraba por el techo de la cocina. Si el viento alcanzaba el nivel 9, ni siquiera podía encender el fuego para cocinar”, reveló.
Las instalaciones también son muy limitadas. El suministro logístico depende únicamente de los barcos que llegan con poca frecuencia.
De hecho, el primer día, Yue Li tuvo que aceptar la realidad de que su pasta de dientes fue robada por los ratones que infestan la isla.
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Encontrar la libertad en la sencillez
A pesar de tener que luchar contra las tormentas y la soledad, Yue Li afirma no arrepentirse.
Ahora tiene mucho tiempo libre para leer libros y disfrutar de la puesta de sol, algo que era imposible cuando trabajaba en Beijing.
A menudo satisface sus necesidades alimentarias por sí misma, obteniendo alimentos de la naturaleza.
A menudo comparte momentos de éxito al atrapar anguilas e incluso cangrejos grandes usando trampas.
“El suministro de cangrejos aquí es abundante, más que suficiente para mí. He estado buscando la libertad y la paz interior en este entorno simple pero duro”, dijo en un videoclip.
La decisión de Yue Li ha provocado una ola de admiración y envidia entre los internautas chinos.
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