Samir Shah, el ejecutivo de Target que comenzó como ayudante de carritos con $20 y hoy dirige una cuarta parte de sus tiendas
Samir Shah llegó a EE.UU. en 1993 con solo $20 en el bolsillo y un sueño: aprender inglés y construir una carrera desde cero. Hoy, como vicepresidente senior de las tiendas del noreste de la cadena, lidera el 25% de las operaciones de Target. Su éxito, según relató a Business Insider, se basa en una filosofía simple: preguntar, aprender y nunca dejar de ser el mejor en cada rol.

Shah, quien reside en Filadelfia, compartió cómo su trayectoria en la compañía —desde su primer empleo como ayudante de carritos en California hasta su actual puesto— demuestra que el crecimiento profesional no depende de los títulos, sino de la curiosidad y la disposición a admitir lo que no se sabe.
¿Cómo pasó de $5 la hora a liderar 42 directores y 7 vicepresidentes en Target?
Su historia comenzó el 4 de julio de 1993, cuando, a los 18 años, convenció a sus padres de emigrar a EE.UU. para estudiar inglés. Con los $20 que su padre le dio, se instaló en un estudio en Fremont, California, junto a primos que trabajaban en una gasolinera y un motel, pero que no avanzaban en su aprendizaje del idioma. «Decidí buscar un lugar donde me obligaran a sumergirme en la cultura y el lenguaje», explicó Shah.

El destino lo llevó a un Target cercano a la parada de su ruta de autobús hacia sus clases de ESL (Inglés como Segundo Idioma). Tras varias solicitudes, fue contratado como ayudante de carritos, ganando $5 por hora. «Mi filosofía siempre ha sido ser el mejor en mi rol actual», dijo. «Y para eso, hay que hacer preguntas constantes».
Hoy, su equipo incluye a 7 vicepresidentes y 42 directores senior, todos reclutados cuando eran recién graduados o principiantes en la empresa. «Sigo viendo esa misma curiosidad por aprender en ellos», aseguró.
El poder de las preguntas: cuando un empleado cuestionó el flujo de cajas en Manhattan
Durante una visita reciente a una tienda, Shah observó a una empleada que, en lugar de quedarse detrás del mostrador, se acercaba a los clientes para saludarlos y preguntar: «¿En qué puedo ayudarlos?». Además, le hizo una pregunta que, según él, fue de las más valiosas en los últimos seis meses: «¿Por qué los compradores en Manhattan siguen el mismo proceso de caja que en nuestras tiendas suburbanas?»
La pregunta, según Shah, revelaba una mentalidad de mejora continua. «Es la actitud de un estudiante: alguien que presta atención y quiere hacer las cosas mejor». Esta dinámica se alinea con la guía de experiencia del cliente de Target, conocida como la regla 10-4: sonreír a los clientes a 10 pies de distancia y saludarlos a 4 pies. «Un simple ‘hola’ abre un canal humano», explicó. «Si alguien tiene una duda, se siente más cómodo preguntar».
¿Qué pasa cuando el líder no tiene las respuestas?
Shah admite que, en los últimos años, ha tenido que reconocer públicamente ante su equipo que «no sabía qué hacer a continuación». «Era incómodo», confesó. «Como líder, ¿cómo dices ante todos: ‘No sé qué paso siguiente daremos’?».

Sin embargo, transformó esa vulnerabilidad en una oportunidad. «Les dije: ‘Sé que lo resolveremos juntos. Y en cuanto sepa el primer movimiento, ustedes serán los primeros en enterarse'». El ejemplo más claro fue en la tienda Atlantic Terminal de Brooklyn, una de las de mayor volumen de la cadena, que enfrentaba problemas de ventas. Al analizar los datos, identificó dos categorías de productos en crecimiento y usó ese hallazgo como punto de partida para revitalizar el resto del local. «Modelamos otras áreas del almacén basándonos en esas secciones exitosas, y poco a poco las ventas comenzaron a crecer», detalló.
Seis meses y tres visitas después, el equipo está a punto de superar sus registros históricos. «Cuando los líderes dejan de aprender, no solo sufren ellos, sino que sus equipos lo hacen más», advirtió.
El secreto de un ejecutivo con 34 años en Target: aprender de cualquiera
Shah es uno de los vicepresidentes senior con más antigüedad en la empresa, pero su humildad lo lleva a consultar a quien sea necesario, ya sea a un director corporativo en Minneapolis o a un ayudante de carritos en Buffalo. «Si no sé algo, llamo a alguien en un instante para preguntar y aprender», afirmó.
Su mensaje final es claro: «Si yo no aprendo, no puedo ayudar a mejorar las cosas para los demás». Una lección que aplica desde sus inicios, cuando con $20 y una actitud inquebrantable demostró que el éxito no tiene fronteras.
