La relación bidireccional entre la depresión y las enfermedades cardíacas
Al menos una cuarta parte de los pacientes cardíacos sufren de depresión, y los adultos que padecen este trastorno tienen una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades del corazón.

Existe una sólida base de evidencia que indica que, en comparación con las personas que no presentan depresión, los adultos con un trastorno depresivo o síntomas relacionados tienen un riesgo un 64 % mayor de desarrollar una enfermedad de las arterias coronarias. Asimismo, los pacientes con enfermedad coronaria que sufren depresión tienen un 59 % más de probabilidades de experimentar un evento cardiovascular adverso en el futuro, como un ataque cardíaco o muerte cardíaca.
La depresión impacta la salud del corazón a través de efectos fisiológicos y respuestas conductuales. Los pacientes con enfermedad coronaria y depresión presentan una reducción en la variabilidad de la frecuencia cardíaca y niveles más elevados de marcadores sanguíneos relacionados con la inflamación y la coagulación. Desde el punto de vista conductual, estas personas tienden a hacer menos ejercicio, muestran una menor adherencia al tratamiento cardíaco y tienen una mayor probabilidad de fumar.
Durante el 8º Congreso Mundial de Rehabilitación Cardíaca y Prevención Secundaria celebrado en Dublín, se expuso que la depresión y el aislamiento social son factores de riesgo independientes que influyen en el pronóstico de las enfermedades cardíacas. El Dr. Stephen Bunker, de la National Heart Foundation de Australia, afirmó que existe una “evidencia fuerte y consistente de una asociación causal entre la depresión, el aislamiento social, la falta de apoyo social de calidad y la enfermedad coronaria”.
Según el Dr. Bunker, el riesgo planteado por estos factores psicosociales es de una magnitud similar a la de factores de riesgo convencionales como el colesterol y la presión arterial alta. Específicamente, en casos de depresión leve, se observa un aumento doble en el riesgo de enfermedad coronaria, mientras que en personas con depresión mayor, la incidencia de angina y ataques cardíacos aumenta cinco veces.
A pesar de estos vínculos, los pacientes con enfermedades cardíacas rara vez son evaluados para detectar enfermedades psicológicas. A diferencia de la evaluación continua de factores como la presión arterial o el colesterol, no es común el uso de herramientas como el Inventario de Depresión de Beck —una escala de 21 ítems que mide síntomas y actitudes características de la depresión— en estos pacientes.
Ante este escenario, se ha planteado que los pacientes con enfermedad coronaria deben ser evaluados para detectar depresión, y que aquellos que padecen depresión deben ser evaluados respecto a los factores de riesgo de enfermedades coronarias. Además, investigaciones recientes han ampliado este vínculo, señalando el estrés y la ansiedad como precursores de eventos cardíacos mayores.
