Pakistán ha emergido como un actor clave en la mediación del conflicto entre Irán y Estados Unidos, logrando establecer un alto el fuego en un momento de extrema tensión global. Esta posición diplomática se produce mientras el país enfrenta una situación de ruina económica y mantiene un conflicto bélico contra Afganistán.
Impacto económico y dependencia energética
La urgencia de Pakistán por estabilizar la región responde en gran medida a su vulnerabilidad financiera y energética. El incremento en los precios de la energía ha afectado severamente al país, cuya seguridad energética depende críticamente del estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 85% del petróleo que consume.
El éxito de su intervención es descrito como el resultado de un equilibrio estratégico que combina una diplomacia planificada a largo plazo, vínculos militares y la presión de un colapso interno inminente.
El camino hacia el alto el fuego
La resolución llegó tras un llamamiento de última hora realizado por el jefe del gobierno pakistaní, Shehbaz Sharif. Pocas horas antes de que venciera el ultimátum impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Sharif instó a las partes en conflicto a alcanzar un cese al fuego, el cual pudo anunciar menos de cinco horas después.

Este avance diplomático ocurre en un contexto de alta peligrosidad, donde se reportó el despegue de bombarderos B-52 Stratofortress desde la base británica RAF Fairford y advertencias públicas de Trump sobre la posibilidad de borrar una «civilización completa». Actualmente, las negociaciones para definir un plan de paz se desarrollan en la capital de Pakistán.
Equilibrio geopolítico y alianzas
Pakistán ha navegado una compleja red de alianzas para evitar convertirse en parte beligerante. A pesar de tener un pacto de asistencia con Arabia Saudita —país que fue atacado por Irán—, la potencia nuclear optó por la diplomacia de teléfono y la mediación en lugar de entrar en la guerra.
En cuanto a las acciones internacionales, el gobierno pakistaní condenó los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, aunque evitó mencionar explícitamente a los Estados Unidos en sus declaraciones.
