La promesa de un futuro tecnológico, repleto de avances y soluciones, parece haberse desvanecido, dejando en su lugar una realidad marcada por la distopía. En lugar de la ciencia ficción optimista que se anticipaba, nos encontramos con un presente donde los desafíos y las problemáticas sociales se han intensificado.
Esta situación sugiere una desconexión entre el desarrollo tecnológico y el bienestar humano. La innovación, en lugar de ser una herramienta para el progreso, parece haber exacerbado las desigualdades y generado nuevas formas de control y opresión.
La ausencia de la visión futurista esperanzadora plantea interrogantes sobre la dirección que está tomando nuestra sociedad y la necesidad de replantearnos el papel de la tecnología en la construcción de un futuro más justo y equitativo.
