La reducción del impuesto sobre dividendos al 5% a partir de 2016 representó una de las modificaciones fiscales más significativas aplicadas al capital en Rumanía. Este cambio se reflejó en los balances de las empresas y, según algunas voces, como la de la consultora fiscal Verónica Duțu, condujo a su descapitalización, afectando a su vez la base imponible del trabajo. Surge entonces la pregunta: ¿fue esta medida de entonces perjudicial a largo plazo para el entorno fiscal?
Profundizando en los efectos de esta medida a lo largo del tiempo, se observa que fue introducida sin estar correlacionada con políticas de capitalización, reinversión de beneficios o disciplina financiera, y sus efectos se han acumulado gradualmente en la estructura de los balances de las empresas.
“Casi una década después, la economía rumana se enfrenta a un alto nivel de subcapitalización, reflejado en el gran número de empresas con capitales propios reducidos o negativos, una mayor dependencia de la financiación externa y una escasa capacidad de absorción de los shocks económicos”, explica Verónica Duțu.
Asimismo, realiza un análisis detallado de los efectos que los dividendos del 5% han producido en el rendimiento de las empresas y en la economía en general.
Distorsión entre la tributación del trabajo y la del capital
Según Verónica Duțu, la significativa diferencia en la tributación entre los ingresos salariales y los dividendos ha modificado los comportamientos económicos a nivel empresarial. Una parte relevante de la remuneración del trabajo se ha trasladado del ámbito de los salarios al de los dividendos, lo que ha provocado:
- una reducción de la base de cálculo de las cotizaciones sociales,
- una mayor presión sobre los presupuestos de pensiones y sanidad,
- una transferencia de la carga fiscal a los empleados con ingresos declarados íntegramente.
Por lo tanto, según la consultora fiscal, desde una perspectiva económica, los dividendos han comenzado a desempeñar funciones propias de los salarios, lo que representa una desviación de los principios básicos de la tributación del trabajo y del capital.
Utilización de los dividendos como fuente de financiación corriente
Además, continúa, en numerosos casos los dividendos no se han utilizado exclusivamente como remuneración del capital, sino que se han convertido en instrumentos de financiación de la actividad corriente. Los beneficios distribuidos se han reinvertido informalmente en la empresa para:
- apoyar los gastos operativos,
- cubrir los salarios,
- mantener los flujos de caja.
Por lo tanto, según la consultora fiscal, esta práctica indica un deterioro de la disciplina financiera y conduce a la erosión de los capitales propios, con un impacto directo sobre la estabilidad a medio y largo plazo de las empresas.
La educación financiera: un factor estructural ignorado
Asimismo, añade Verónica Duțu, los efectos de la reducción del impuesto sobre dividendos se han visto amplificados por el bajo nivel de educación financiera en el entorno empresarial, en un contexto en el que:
- la capitalización no se percibe como un indicador de salud financiera,
- el beneficio se trata predominantemente como fuente de consumo,
- la separación entre el patrimonio de la empresa y los ingresos personales es insuficientemente comprendida,
- las decisiones están orientadas a corto plazo.
Así, explica la especialista, a falta de mecanismos de corrección, la fiscalidad favorable a los dividendos ha consolidado estos comportamientos.
Impacto presupuestario y competitivo
Además, señala Verónica Duțu, el traslado de los ingresos de los salarios a los dividendos ha afectado a la base imponible del trabajo, con un efecto directo sobre los ingresos presupuestarios, y al mismo tiempo se han creado distorsiones competitivas: las empresas que han mantenido una remuneración real y un cumplimiento fiscal íntegro han soportado costes más elevados que las que han utilizado estructuras de remuneración fiscalmente favorables.
Por lo tanto, añade, a largo plazo este desequilibrio afecta tanto a la sostenibilidad de las finanzas públicas como al correcto funcionamiento del mercado.
“La descapitalización de las empresas rumanas no es un fenómeno coyuntural, sino el resultado acumulativo de una fiscalidad aplicada sin correlación con la disciplina financiera y la educación económica. La preferencia por los dividendos, en ausencia de normas de capitalización y remuneración real, ha debilitado la estructura financiera de las empresas y ha erosionado la base imponible del trabajo”, concluye Verónica Duțu.
Situación diferente en función del tamaño y el tipo de actores: empresarios o empresas estatales
Comentando también el tema para Ziare.com, el consultor de empresas Lucian Streche señala que existen dos situaciones: los empresarios, incluso los grandes, que son responsables, por un lado, y las empresas estatales, por otro.
Por lo tanto, en el caso de los grandes empresarios, dice, seguramente se han beneficiado de este bajo impuesto y han sacado, a través de dividendos, una gran cantidad de dinero del capital de la empresa.
“Pero cualquier empresario responsable no ha mantenido a la empresa subcapitalizada por ello, sino que le ha devuelto el dinero y se lo ha prestado. Ha sido muy fácil, han sacado el dinero a través de dividendos, el dinero ha llegado a sus manos, es decir, a las de las personas físicas, y luego se lo han prestado, posiblemente con un contrato de préstamo, posiblemente sin intereses, a la empresa, para que no quede subcapitalizada. Es solo un pequeño juego fiscal”, señala.
Por otro lado, sin embargo, Lucian Streche señala que la situación es diferente en el caso de las empresas estatales.
“Por otro lado, para las empresas estatales, sí, existe un problema de descapitalización cuando se dan dividendos del 90%, por ejemplo, como ocurre con las empresas propiedad del Estado y cotizadas, Hidroelectrica, Romgaz, etc. Allí, de hecho, se sofoca la evolución de las empresas a largo plazo porque se utilizan todos los recursos para los dividendos en lugar de realizar inversiones. Pero, sinceramente, el Estado de todos modos habría distribuido los dividendos incluso si el impuesto hubiera sido del 16% como es hoy, o del 5% como era entonces, no veo por qué el Estado rumano habría distribuido menos dividendos si el impuesto hubiera sido más alto”, añade.
En conclusión, el consultor de empresas dice que no ve este efecto sino en casos muy particulares, de empresarios que no han sido responsables.
“El efecto no me parece tan evidente”, concluye.
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