Don Was es uno de esos nombres que resuenan en la música sin que muchos sepan exactamente por qué. Su influencia es tan profunda y tan discreta que podría definirse como el «hombre invisible» detrás de algunos de los álbumes más icónicos de las últimas décadas. Pero, ¿cómo logra alguien ser omnipresente sin nunca ser el protagonista?
Nacido como Donald Fagenson en Detroit, Míchigan, en 1952, Was creció rodeado del blues y el jazz de leyendas como John Coltrane y Miles Davis. Su carrera como músico y productor comenzó en los años 80, cuando formó junto a su amigo David Weiss (con quien compartía el apellido artístico «Was») el grupo Was (Not Was). Aunque el dúo alcanzó éxito con cuatro álbumes y varios sencillos memorables, fue su faceta como productor la que lo llevó a consolidarse como una figura clave en la industria.
El currículum de Was como productor es, literalmente, una lista de los nombres más grandes de la música. Desde colaboraciones con The Rolling Stones, Bob Dylan y Bonnie Raitt hasta su trabajo con artistas contemporáneos como John Mayer o Lucinda Williams, su sello ha dejado huella en géneros tan diversos como el rock, el R&B, el country y hasta el jazz. Pero su capacidad para adaptarse no se limita a los estilos musicales: también ha trabajado con figuras del pop como Elton John, del reggae como Ziggy Marley, e incluso con leyendas como Willie Nelson o George Clinton. Lo más fascinante es que, pese a su extensa trayectoria, Was rara vez busca los reflectores. Su enfoque ha sido siempre el arte en sí mismo, no la fama.
Uno de sus proyectos más aclamados como líder artístico fue Forever’s a Long, Long Time, un álbum de jazz y R&B lanzado en 1997 bajo el nombre de Orquestra Was. En él, reinterpretó clásicos de Hank Williams con un toque fresco, demostrando una vez más su versatilidad. Pero incluso en este caso, el énfasis estuvo en la música, no en la persona detrás del proyecto.
En 2008, Was (Not Was) se reunió para una gira que celebró su legado, pero incluso allí, la atención se centró en la química entre ambos músicos y en la calidad de sus canciones, no en el reconocimiento individual. Was, en esencia, ha construido una carrera basada en la idea de que el verdadero éxito no siempre requiere ser el centro de atención.
Hoy, a sus 73 años, sigue activo, aunque su nombre no aparezca en los titulares con la misma frecuencia que el de otros productores de su generación. Quizás esa sea la clave: Don Was no necesita ser el protagonista para ser indispensable.
Su legado, sin embargo, habla por sí solo. Artistas de distintas generaciones han citado su influencia como decisiva en sus carreras, pero rara vez se menciona su nombre en entrevistas o créditos. ¿Es posible ser tan influyente y, al mismo tiempo, tan discreto? Para Don Was, la respuesta parece ser un rotundo «sí».
Lo que queda claro es que, en un mundo donde la fama suele ser efímera, su impacto perdura. Y eso, en la industria musical, es más valioso que cualquier premio o reconocimiento público.
