Un estudio estadounidense revela que la falta de sueño es uno de los principales factores de riesgo para la mortalidad prematura, superando a la diabetes y la inactividad física.
Una reciente y amplia investigación realizada en Estados Unidos confirma que dormir menos de siete horas por noche puede reducir significativamente la esperanza de vida, un riesgo comparable al asociado con el tabaquismo.
El estudio, que recopiló datos entre 2019 y 2025 en más de 3.000 condados de los Estados Unidos, destacó cómo la duración del sueño es un indicador crucial de longevidad, situándose justo después del tabaquismo y la obesidad, y por delante de la diabetes y la inactividad física.
La relación entre la duración del sueño y la esperanza de vida
Los investigadores analizaron la duración del sueño autodeclarada por los residentes a través de entrevistas telefónicas, comparando estos datos con la esperanza de vida media de las respectivas áreas. En las zonas donde la media del sueño descendía por debajo de las siete horas, se registraba una vida media más corta. Este efecto se demostró independiente de factores como el lugar de residencia o el nivel socioeconómico. A pesar de algunas limitaciones metodológicas – incluyendo la ausencia de mediciones objetivas y la falta de distinción entre siete y más de siete horas de sueño, así como la no consideración de condiciones como la apnea del sueño o trastornos psiquiátricos – la señal es clara: mejorar la calidad y la cantidad del descanso es un camino viable para aumentar la longevidad.
La falta de sueño, de hecho, no debe subestimarse como un simple hábito, sino considerarse un verdadero factor de riesgo para numerosas patologías crónicas. Esto lo confirma el neurólogo Luigi Ferini-Strambi, director del Centro de Medicina del Sueño del hospital San Raffaele de Milán, quien subraya cómo el sueño regular contribuye a reducir el riesgo de infartos, diabetes, cáncer y demencias.
En Italia, se estima que alrededor de un tercio de la población duerme menos de siete horas por noche, lo que aumenta la importancia de concienciar sobre la importancia de un sueño adecuado.
La ciencia del sueño se ha enriquecido en las últimas décadas gracias a la cronobiología, disciplina que recibió el Premio Nobel en 2017 por el estudio de los genes reloj, responsables de la regulación de los ritmos circadianos. Nuestro “reloj maestro” se encuentra en el núcleo supraquiasmático, una estructura neuronal en el cerebro que recibe señales luminosas de la retina y regula la producción de hormonas fundamentales como la melatonina, que induce el sueño.
Respetar estos ritmos naturales es fundamental para la salud: comer demasiado tarde, exponerse a luces artificiales por la noche o tener horarios de sueño irregulares puede causar la llamada disrupción cronobiológica, un desfase del reloj interno que aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
El sueño no es solo fundamental para el bienestar diario, sino que representa una verdadera barrera contra las enfermedades neurodegenerativas. Durante el sueño profundo, el cerebro elimina las proteínas beta-amiloides, las mismas que forman las placas típicas del Alzheimer. Estudios realizados en animales demuestran que el descanso nocturno acelera este proceso de “limpieza” cerebral, mientras que una noche de privación puede aumentar la concentración de estas proteínas hasta en un 5%.
