Si existe una obra donde el título parece haber sido concebido primero, probablemente sea “Dracapella”, la creación de Dan Patterson (conocido por “Whose Line Is It Anyway?”) y Jez Bond. ¿Qué otra razón habría para crear una versión a capella del clásico vampírico victoriano, sino justificar un juego de palabras? Y “Dracapella” no esconde su afición por los dobles sentidos. (“Hay una fuerza sobrenatural en Transilvania.” / “¿Cuál?” / “No, no brujas”). Esta comedia espeluznante está repleta de chistes, siguiendo la historia de un conde rumano inmortal que, tras 400 años de búsqueda, finalmente encuentra el amor al ritmo de baladas ochenteras y un beatboxing de campeonato.
Precisamente este último elemento lo aporta ABH Beatbox, un miembro de la BAC Beatbox Academy, cuyo éxito internacional parece haber servido de inspiración (aunque lejana) para este cruce entre música y gótico. “Dracapella” es una propuesta más tradicional, un entretenimiento consciente que se burla constantemente de sus propios clichés narrativos, priorizando las risas sobre el suspense. Quizás se atenúen las apuestas cuando una historia de pasión centenaria se convierte en un vehículo para situaciones al estilo de “The Play What I Wrote”, pero la persistente hilaridad de Patterson y Bond lo compensa con creces. Desde el tren de Harker a Dover desviado a un autobús de reemplazo, hasta la demostración de poderes metafísicos de Drácula, quien hace que su secuaz consuma –¡como por arte de magia!– un cuenco lleno de malvaviscos.
En ocasiones, la comedia puede sentirse forzada, restando dinamismo a la trama. También hay canciones –como “Crazy” de Gnarls Barkley interpretada por un predecesor de Harker– que parecen desvíos en lugar de avances narrativos. Sin embargo, con mayor frecuencia, el espíritu del elenco (que incluye al comediante Ciarán Dowd y al versátil Philip Pope), el ingenioso juego de palabras (“¿Nunca morir? Podría vivir con eso”) y la inteligencia metateatral son un verdadero placer. Las canciones (Cyndi Lauper, Bonnie Tyler, Survivor) están lujosamente arregladas y resultan deliciosamente incongruentes. Destaca especialmente Keala Settle, con una interpretación vocal poderosa al serenar a Drácula con el tema de soul “At Last”. Y también ABH Beatbox, cuyos efectos al estilo de Looney Tunes crean un mundo sonoro interactivo y vibrante para esta divertida y macabra experiencia.
