Drones de apenas unos cientos de libras han destruido tanques modernos. Han derribado helicópteros valorados en millones de dólares y obligado a los aviones a modificar sus rutas de vuelo. La guerra con drones ha transformado la economía del campo de batalla, revelando una verdad fundamental, inmutable y estratégica: la superioridad en combate no está garantizada por el equipamiento costoso, sino por la capacidad de adaptación más rápida.
Dragonfire (Fuego de Dragón) es una respuesta directa a esta adaptación. El defensor, que antes debía lanzar un misil de cientos de miles de dólares para detener un dron cuyo costo era una fracción de esa cantidad, ahora puede cumplir con esta tarea utilizando un láser que cuesta solo unos pocos dólares por disparo. Esto altera el cálculo de la defensa aérea, dificulta los ataques, hace que los enjambres de drones sean mucho menos rentables y, lo que es más importante, devuelve la iniciativa al defensor.
