La República Democrática del Congo (RDC) registró este lunes 11 nuevos casos confirmados de ébola en un solo día, la cifra más alta desde que se declaró el brote actual el pasado 1 de agosto, según informó el Ministerio de Salud congoleño citado por The Washington Post. El total de infectados asciende ahora a 32 casos confirmados, mientras las autoridades intensifican los esfuerzos para contener la propagación en la provincia de North Kivu, una zona de difícil acceso y con antecedentes de brotes previos.
El aumento coincide con el primer mes de actividad del brote, que ya ha superado en número de casos diarios a los registrados en las primeras semanas de otros episodios recientes en la región, según datos comparados por The Guardian. Mientras tanto, equipos de respuesta internacional —incluyendo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Médicos Sin Fronteras— trabajan para identificar el origen del virus, un aspecto crítico que sigue sin resolverse. «No sabemos cómo comenzó este brote», advirtió un informe de Vox basado en declaraciones de expertos, señalando que la incertidumbre agrava los riesgos de transmisión no detectada.
¿Por qué este brote preocupa más que otros?
North Kivu es una de las zonas más afectadas por el ébola en la historia de la RDC, con brotes recurrentes desde 2018. Según Human Rights Watch, la respuesta efectiva depende en gran medida de la participación comunitaria, un desafío en áreas donde desconfían de las autoridades y hay barreras culturales. «La desinformación y el miedo al aislamiento forzado han retrasado el rastreo de contactos en brotes anteriores», señala el organismo, citando el caso de 2020 en la misma provincia, donde 130 personas murieron antes de que se declarara el fin del episodio.

Este nuevo repunte eleva las alertas porque coincide con la temporada de lluvias, que dificulta el acceso a zonas remotas donde podrían esconderse casos no reportados. Además, la OMS ha advertido que la variante del virus detectada en este brote —Sudán— es más transmisible en contextos de alta densidad poblacional, como los mercados informales de la región.
¿Qué medidas se están tomando para frenar el avance?
Las autoridades congoleñas, con apoyo de la OMS, han activado centros de tratamiento en Mbandaka y otras zonas clave, mientras equipos de rastreo visitan hogares para identificar contactos. Sin embargo, Reuters documentó obstáculos como el hallazgo de un ataúd roto durante un funeral en una comunidad afectada, lo que sugiere que protocolos básicos —como el enterramiento seguro de víctimas— no siempre se siguen. «La cadena de transmisión se rompe cuando hay un solo eslabón débil», explicó un funcionario de salud citado por el medio.
Organizaciones como Human Rights Watch exigen incluir a líderes locales en la estrategia, ya que en brotes pasados, las campañas impuestas desde fuera generaron rechazo. «Las comunidades deben sentir que son parte de la solución, no el problema», dijo un portavoz, destacando que en 2018, el 90% de los casos se concentraron en áreas donde no hubo diálogo previo con las autoridades tradicionales.
¿Qué sigue si el brote se agrava?
Según proyecciones citadas por The Guardian, si no se controla en las próximas semanas, este brote podría superar en mortalidad al de 2020, que dejó 55 fallecidos. La OMS ya ha movilizado vacunas experimentales, pero su distribución depende de confirmar rutas de transmisión claras. Mientras tanto, la RDC enfrenta el desafío de coordinar esfuerzos con grupos armados que operan en North Kivu, quienes en el pasado han bloqueado el acceso de equipos médicos.
Para los habitantes de la zona, el riesgo immediate es el colapso de servicios básicos. En el brote de 2018, hospitales quedaron saturados y el transporte público se suspendió, agravando el aislamiento de familias enteras. «La lección es que sin confianza, la ciencia no es suficiente», advirtió un informe de Vox, subrayando que la respuesta debe combinar vigilancia epidemiológica con estrategias sociales.
