La economía iraní sufre graves daños, pero sus líderes confían en que Trump cederá primero
Teherán, 28 de abril de 2026 — A pesar del severo deterioro económico que enfrenta Irán tras casi dos años de conflicto con Estados Unidos, las autoridades iraníes mantienen la postura de que el presidente Donald Trump será quien dé el primer paso hacia una solución negociada. Analistas y funcionarios citados por The Washington Post señalan que esta estrategia se basa en la percepción de que la presión interna en EE.UU. —tanto política como económica— podría forzar un cambio de rumbo en la Casa Blanca.

El país persa ha visto cómo su moneda, el rial, se devalúa a niveles históricos, mientras la inflación supera el 50% anual y el desempleo afecta a casi un tercio de la población activa. Las sanciones impuestas por Washington, sumadas a los costos de la guerra, han paralizado sectores clave como el petrolero, reduciendo las exportaciones a mínimos no vistos desde la década de 1980. Sin embargo, fuentes cercanas al gobierno iraní aseguran que la resistencia interna y el apoyo de aliados regionales les permiten sostener la confrontación.
Presión económica vs. Resistencia ideológica
Expertos consultados por el diario estadounidense destacan que, aunque la economía iraní está «al borde del colapso», el liderazgo del país apuesta por una estrategia de desgaste. «No creen que Trump pueda mantener el apoyo interno a una guerra prolongada, especialmente con las elecciones de 2028 en el horizonte», explicó un analista de política internacional que prefirió mantener el anonimato. Esta visión contrasta con las declaraciones públicas del presidente iraní, Ebrahim Raisi, quien ha reiterado que su país «no negociará bajo presión».
El conflicto, que escaló en 2024 tras el asesinato de un alto general iraní en un ataque atribuido a Israel con apoyo estadounidense, ha dejado miles de muertos y desplazados. Aunque en abril de 2026 se alcanzó un frágil alto el fuego de dos semanas, las tensiones persisten, especialmente en torno al control del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial.
División en Washington y escepticismo internacional
En Estados Unidos, el debate sobre la continuidad de la guerra se intensifica. Mientras Trump insiste en que «la victoria está cerca», sectores republicanos y demócratas han expresado preocupación por el costo humano y financiero del conflicto. Un informe reciente del Congreso estimó que el gasto militar en la región supera los 150.000 millones de dólares anuales, sin contar los efectos en los precios globales de la energía.
Por su parte, la Unión Europea y China han intentado mediar, pero sin avances concretos. «Irán no aceptará condiciones que perciba como una rendición, y EE.UU. No puede permitirse una retirada sin garantías», señaló un diplomático europeo. Mientras tanto, la población iraní enfrenta escasez de alimentos y medicinas, lo que ha generado protestas esporádicas reprimidas por las fuerzas de seguridad.
¿Un punto de inflexión?
La incertidumbre sobre el futuro del conflicto se agrava con las próximas elecciones presidenciales en EE.UU. Algunos asesores de Trump han sugerido que una reducción de las hostilidades podría ser una estrategia para mejorar su imagen antes de la campaña. Sin embargo, hasta ahora no hay señales claras de un cambio de política. «Irán está jugando a largo plazo», advirtió un exfuncionario del Departamento de Estado. «Creen que el tiempo está de su lado».
Mientras tanto, en las calles de Teherán y otras ciudades, la población sigue adaptándose a una realidad de racionamiento y mercados paralelos. «No tenemos otra opción que resistir», comentó un comerciante en un bazar local. «Pero cada día es más difícil».

