Actividades cardiovasculares como correr, nadar y bailar parecen ser especialmente efectivas para aliviar los síntomas de la depresión y la ansiedad. A esta conclusión llega una amplia revisión y síntesis de datos publicada en la revista British Journal of Sports Medicine.
El análisis reveló que el ejercicio realizado en entornos supervisados o grupales podría proporcionar el mayor beneficio para las personas que sufren depresión. Para la ansiedad, los programas más cortos, de hasta 8 semanas, que involucren actividad de baja intensidad podrían ser los más útiles.
Sin embargo, en términos generales, todos los tipos de ejercicio examinados resultaron tan efectivos, o incluso más, que la medicación y las terapias conversacionales. Estos efectos se observaron independientemente de la edad o el sexo.
La depresión y la ansiedad afectan a millones de personas en todo el mundo
Según los investigadores, la depresión y la ansiedad afectan a hasta 1 de cada 4 personas a nivel mundial, siendo los jóvenes y las mujeres los grupos más afectados. Estudios previos ya habían sugerido que la actividad física se compara favorablemente con la psicoterapia y la medicación para reducir los síntomas.
A pesar de ello, persistían interrogantes importantes. No se había comprendido completamente cómo funciona el ejercicio en diferentes grupos de edad, niveles de intensidad o frecuencias. Además, muchas revisiones anteriores se centraron únicamente en adultos o incluyeron participantes con otras afecciones de salud que podrían influir en los resultados.
Para abordar estas lagunas, los investigadores se propusieron evaluar cómo el ejercicio afecta a la depresión y la ansiedad a lo largo de toda la vida. También examinaron si factores como el tipo de ejercicio, la duración, la frecuencia, la intensidad, la supervisión y si se realizaba de forma individual o en grupo influían en los resultados.
Cómo analizaron la evidencia los investigadores
El equipo buscó en bases de datos de investigación análisis de datos agrupados de ensayos controlados aleatorios publicados en inglés hasta julio de 2025. Estos ensayos compararon programas de ejercicio estructurados con otras actividades, un placebo o ningún tratamiento activo.
Los estudios elegibles involucraron actividad física planificada, estructurada, repetitiva y con un propósito definido para mejorar la salud física y mental. Se incluyeron todos los tipos de ejercicio, con diferentes intensidades, frecuencias y entornos (individual o grupal).
Resultados para la depresión
Para la depresión, la síntesis global incorporó 57 análisis de datos agrupados que abarcaron 800 estudios individuales y 57.930 participantes entre las edades de 10 y 90 años.
Los participantes tenían un diagnóstico clínico de depresión o experimentaban síntomas depresivos pero no presentaban otras afecciones coexistentes. Los programas de ejercicio se clasificaron como aeróbicos (19 análisis de datos agrupados); entrenamiento de resistencia, como ejercicios de fuerza (8); prácticas mente-cuerpo, como yoga, tai-chi y qigong (16); o programas mixtos que combinaban múltiples formatos (39).
Resultados para la ansiedad
Para la ansiedad, la revisión incluyó 24 análisis de datos agrupados que representaron 258 estudios individuales y 19.368 participantes de entre 18 y 67 años. Las intervenciones de ejercicio se agruparon en aeróbicos (7); resistencia (1); mente-cuerpo (9); o mixtos (13).
Al combinar los resultados, el ejercicio mostró una reducción de tamaño medio en los síntomas de depresión y una reducción de tamaño pequeño a medio en los síntomas de ansiedad. Las mayores mejoras se observaron entre los jóvenes de 18 a 30 años y las mujeres que habían dado a luz recientemente.
¿Qué tipos de ejercicio funcionaron mejor?
Todos los formatos de ejercicio se vincularon con mejoras en la salud mental. Para la depresión, la actividad aeróbica, especialmente cuando se impartía en entornos supervisados o grupales, produjo los mayores beneficios. Para la ansiedad, los programas de ejercicio aeróbico, de resistencia, mente-cuerpo y mixtos tuvieron cada uno un efecto positivo de tamaño medio.
En general, los beneficios del ejercicio fueron comparables e, incluso en algunos casos, superaron los de la medicación o las terapias conversacionales.
Limitaciones del estudio y conclusiones
Los investigadores reconocen varias limitaciones. Las definiciones de intensidad del ejercicio y la duración del programa variaron en los análisis de datos agrupados. También había datos agrupados relativamente limitados que examinaran los efectos del ejercicio en cada etapa de la vida.
A pesar de estas limitaciones, concluyen: “Este meta-meta-análisis proporciona evidencia sólida de que el ejercicio reduce eficazmente los síntomas de depresión y ansiedad en todos los grupos de edad, comparable o superior a las intervenciones farmacológicas o psicológicas tradicionales.
“Los formatos grupales y supervisados ofrecieron los beneficios más sustanciales, lo que subraya la importancia de los factores sociales en las intervenciones de salud mental. Dada la evidencia de que diferentes características del ejercicio parecen afectar a la depresión y la ansiedad en diferentes magnitudes, se deben prescribir programas de ejercicio personalizados”.
Añaden: “Dada la rentabilidad, la accesibilidad y los beneficios adicionales para la salud física del ejercicio, estos resultados subrayan el potencial del ejercicio como intervención de primera línea, especialmente en entornos donde los tratamientos de salud mental tradicionales pueden ser menos accesibles o aceptables”.
