La evidencia arqueológica más antigua conocida de la peste, causada por la bacteria Yersinia pestis, ha sido identificada en restos humanos de hace aproximadamente 5.000 años. Según investigadores citados por New Scientist, este hallazgo confirma que la enfermedad afectaba a comunidades de cazadores-recolectores mucho antes de lo que sugerían estudios previos sobre el desarrollo de la agricultura.
¿Cómo se identificó la peste en cazadores-recolectores?
El análisis genético realizado en restos encontrados en la actual Letonia permitió identificar la presencia del patógeno. Los científicos determinaron que el individuo infectado pertenecía a un grupo de cazadores-recolectores que habitaba la región durante el Neolítico. Este hallazgo es significativo porque desplaza el origen histórico conocido de la peste hacia poblaciones nómadas, desafiando la teoría de que la enfermedad surgió únicamente como consecuencia del hacinamiento en los primeros asentamientos agrícolas sedentarios.
Diferencias con las cepas modernas
De acuerdo con la información reportada, la variante de Yersinia pestis hallada en estos restos antiguos carecía de ciertos factores de virulencia que caracterizan a las cepas responsables de las grandes pandemias históricas, como la Peste Negra. Los expertos indican que esta forma ancestral de la bacteria probablemente no se transmitía a través de las pulgas, el vector principal de las epidemias posteriores. Esto sugiere que la dinámica de contagio en las sociedades de cazadores-recolectores era distinta y posiblemente menos letal a gran escala en comparación con los brotes urbanos registrados milenios después.

Implicaciones para la historia de las enfermedades
La presencia de este patógeno en una población que dependía de la caza y la recolección indica que la bacteria ya estaba circulando en el entorno humano mucho antes de que las rutas comerciales y la densidad poblacional facilitaran su propagación masiva. Este descubrimiento proporciona un contexto crucial para entender la evolución de los patógenos zoonóticos. A diferencia de las epidemias documentadas en la Edad Media, este hallazgo demuestra que la interacción humana con Yersinia pestis tiene raíces profundas que se extienden hasta las etapas finales de la prehistoria europea.
