Los candidatos que promueven el reparto de dinero en efectivo pueden presentar estas medidas como una solución inmediata y atractiva, similar a un dulce tentador. Sin embargo, el costo real de estas acciones recae directamente sobre los ciudadanos y las generaciones futuras, quienes deberán asumir la carga de la deuda generada. Este tipo de gastos, considerados como partidas presupuestarias de carácter asistencial y poco fundamentado, representan una presión financiera que se traslada al erario público y, por ende, a la sociedad en su conjunto.
El costo oculto de las promesas de gasto en efectivo: deuda que pagará la ciudadanía y las futuras generaciones
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