Jim Ghedi: «La escena folk es muy de clase media. La división es enorme»
El músico de Sheffield, Jim Ghedi, conocido por su enfoque oscuro y visceral de la música folk, ha abierto una conversación sobre las barreras de clase dentro del género. En una entrevista con The Guardian, el artista reflexiona sobre cómo el folk contemporáneo se ha convertido en un espacio dominado por una audiencia y creadores de clase media, dejando poco espacio para voces como la suya, que provienen de entornos más humildes.
«La escena folk es muy de clase media. La división es enorme», afirma Ghedi, cuya música fusiona lo tradicional con un sonido crudo y lleno de melancolía. Su último álbum, Wasteland, explora temas como la alienación y la lucha por encontrar un lugar en un mundo que parece diseñado para otros. «No es que no haya talento fuera de esos círculos, pero el acceso es limitado. Si no tienes el respaldo económico o las conexiones, es difícil que te tomen en serio».
Ghedi, quien también ha incursionado en la composición para películas, destaca cómo su experiencia personal ha moldeado su arte. Criado en un entorno obrero, su música refleja una crudeza que contrasta con la imagen más pulida y nostálgica que suele asociarse al folk. «No es que rechace la tradición, pero quiero que mi música suene real, como si estuviera hablando de cosas que importan, no solo de paisajes bonitos o historias idealizadas».
El artista también ha colaborado con cineastas, llevando su estilo único a bandas sonoras que complementan narrativas oscuras y atmosféricas. Su trabajo en este ámbito ha sido descrito como «una mezcla perfecta de lo antiguo y lo moderno», donde los instrumentos acústicos se entrelazan con sonidos experimentales para crear una experiencia auditiva inmersiva.
En un momento en que el folk parece estar viviendo un resurgimiento, Ghedi invita a reflexionar sobre quién tiene voz en el género. «No se trata de excluir a nadie, sino de reconocer que hay historias que aún no se han contado. El folk debería ser un espacio para todos, no solo para quienes pueden permitírselo».
Con Wasteland, Ghedi no solo desafía las convenciones musicales, sino también las expectativas sociales. Su música, llena de matices y emociones crudas, es un recordatorio de que el arte puede —y debe— ser un reflejo de la diversidad de experiencias humanas.
