El estrés en los animales no solo afecta su bienestar, sino que también compromete la calidad de la investigación científica que se realiza con ellos. Según explicó el Sr. Tremblay, un animal estresado no es un buen animal de estudio, lo que pone en duda la validez de los resultados obtenidos en entornos donde el bienestar animal no es prioridad.
Por eso, asegura que es fundamental invertir también en mejorar las condiciones de estas instalaciones, no solo por ética, sino porque hacerlo beneficia directamente la rigurosidad y confiabilidad de los datos científicos. Un ambiente tranquilo y adecuado no es un lujo: es una necesidad para obtener resultados válidos.
Esta perspectiva invita a replantear cómo se diseñan y gestionan los espacios destinados a la experimentación animal, poniendo el foco en el equilibrio entre avance científico y respeto por la vida.
