La coctelería clásica está experimentando un renacimiento. Cada vez más personas están dejando de lado las mezclas excesivamente dulces para regresar a los tragos de «pedigrí», buscando sabores más secos y sofisticados.
Esta transición suele ser una progresión natural en el gusto del consumidor. Es común que quienes comienzan a explorar el mundo de los cócteles opten por sabores dulces, como el Cosmopolitan o los martinis de manzana con un toque de limón. Sin embargo, a medida que el paladar madura, surge un interés renovado por los pilares de la coctelería.
Entre los favoritos que han vuelto al primer plano se encuentran el Manhattan, el Old Fashioned y el Gimlet. Asimismo, otras opciones tradicionales como el Sidecar, el Rusty Nail y el Brandy Alexander están recuperando su lugar en las barras.
Incluso bebidas más específicas, como el Velvet Hammer —un digestivo elaborado con partes iguales de Cointreau y crema blanca de cacao—, están volviendo a ser solicitadas por quienes desean ampliar su repertorio de sabores.
Esta tendencia parece dividirse por etapas generacionales: mientras que los jóvenes en sus veintes suelen preferir cócteles de especialidad, como el vodka con jugo de piña, el Chambord o los aguardientes de manzana ácida, los clientes en sus treintas están liderando el retorno a los clásicos, buscando una experiencia más madura y tradicional.
