El Telescopio Espacial James Webb (JWST) ha alcanzado un hito en la astronomía al lograr estudiar directamente la superficie de un exoplaneta por primera vez. Gracias a sus capacidades avanzadas, los astrónomos han podido analizar los detalles de una «supertierra» rocosa situada en las proximidades de nuestro sistema solar.
Un mundo oscuro y hostil
El objeto de estudio es el exoplaneta rocoso LHS 3844 b. Mediante el uso de espectroscopía de infrarrojo medio, el JWST ha permitido determinar la composición de su superficie, revelando que se trata de una «roca oscura, caliente y estéril».

Los datos obtenidos describen una superficie sin rasgos distintivos, lo que marca la primera vez que se determina la naturaleza superficial de un planeta rocoso más allá de nuestro propio sistema solar. Este avance, impulsado por la tecnología del James Webb, permite a los investigadores explorar la composición de estos mundos lejanos con una precisión sin precedentes.
