La glándula del timo, ubicada detrás del esternón, es un órgano clave para el sistema inmunológico, especialmente en la niñez, donde maduran las células T que aprenden a distinguir entre lo propio y lo extraño. Durante mucho tiempo se consideró inútil en adultos debido a su involución con la edad, ya que su tejido funcional se reemplaza gradualmente por grasa.
Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que el estado del timo en adultos tiene un impacto medible en la salud. Un estudio de la Universidad de Harvard analizó datos de más de 27.500 participantes en dos estudios estadounidenses de largo plazo y encontró que las personas cuyo timo permanece más grande y funcional tienen un menor riesgo de enfermedades, incluyendo cáncer y mortalidad prematura.
Estos hallazgos fueron publicados en la revista Nature, donde se señala que el tamaño del timo, medible mediante tomografía computarizada, no solo predice la susceptibilidad a diversas enfermedades, sino que también podría influir en la eficacia de las inmunoterapias contra el cáncer, particularmente los inhibidores de puntos de control.
Además, se ha descubierto que el timo produce no solo células T, sino también células asesinas naturales, un hallazgo reciente de 2025 que amplía su papel en la inmunidad. Estos avances están cambiando la percepción del timo de un órgano vestigial a un posible biomarcador de longevidad y respuesta terapéutica.
