Un estudio reciente publicado en la revista Nature Metabolism sugiere que el tipo de grasa que consumimos podría influir más de lo esperado en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, una enfermedad que afecta a más de 460 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los investigadores, liderados por el profesor Tim Spector de King’s College London, encontraron que las grasas trans y las saturadas —presentes en alimentos ultraprocesados, fritos y carnes rojas— están asociadas con un mayor riesgo, mientras que las grasas insaturadas, como las del aceite de oliva o los frutos secos, podrían tener un efecto protector.
¿Qué tipo de grasa aumenta el riesgo de diabetes tipo 2?
El equipo analizó datos de más de 200.000 participantes en el proyecto UK Biobank, un estudio de cohortes que sigue a ciudadanos británicos desde 2006. Según sus hallazgos, publicados el 15 de mayo de 2024, las personas con dietas ricas en grasas trans —comunes en margarinas, snacks y productos horneados— presentaban un 40% más de probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 en comparación con quienes consumían menos. Las grasas saturadas, típicas de carnes grasas y lácteos enteros, también se vincularon a un aumento del 25% en el riesgo, detalló el profesor Spector en declaraciones a GB News.
Por el contrario, las grasas insaturadas —como las del aceite de oliva virgen extra, los aguacates o los frutos secos— mostraron una correlación inversa. «No se trata solo de reducir la grasa, sino de qué tipo de grasa consumes», explicó Spector. El estudio subraya que reemplazar incluso una pequeña porción de grasas trans o saturadas por insaturadas podría disminuir el riesgo en hasta un 15%, según los cálculos del equipo.
¿Por qué este hallazgo es relevante para la prevención?
La diabetes tipo 2 es una de las enfermedades crónicas más prevalentes, con complicaciones que incluyen daño renal, problemas cardiovasculares y pérdida de visión. Según la OMS, su incidencia ha aumentado un 30% en la última década, en parte por cambios en los patrones alimenticios globales. Este estudio refuerza evidencia previa, como la publicada en JAMA Internal Medicine en 2022, que ya advertía sobre el impacto negativo de las grasas trans en la resistencia a la insulina.
Sin embargo, los investigadores advierten que no es suficiente evitar un solo tipo de grasa. «La dieta mediterránea, rica en grasas insaturadas y fibra, sigue siendo la referencia», aclaró Spector. El estudio también destaca que el exceso de calorías —independientemente del tipo de grasa— sigue siendo un factor clave. «El mensaje no es demonizar la grasa, sino equilibrarla», añadió.
¿Qué dice la comunidad científica sobre estos resultados?
El doctor Francisco Botella, endocrinólogo del Hospital Clínico de Barcelona, calificó los hallazgos de «coherentes con lo que ya sabemos», aunque matizó que se necesitan más estudios para confirmar causalidad. «Es un avance importante, pero la genética y el estilo de vida en general también juegan un papel crucial», señaló en comentarios a Notiulti.com.
Mientras tanto, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya había recomendado en 2019 limitar el consumo de grasas trans a menos del 1% de las calorías diarias, una directriz que varios países, como el Reino Unido, han adoptado con políticas de etiquetado obligatorio. En España, aunque no hay una normativa específica, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) promueve dietas bajas en grasas trans desde 2020.
¿Qué cambios prácticos sugieren los expertos?
Basándose en los nuevos datos, los expertos recomiendan:

- Leer etiquetas: Evitar productos con «aceites vegetales hidrogenados» o «grasas trans» en la lista de ingredientes.
- Priorizar fuentes naturales: Optar por aceite de oliva, frutos secos o pescado azul en lugar de embutidos o fritos.
- Moderar las porciones: Aunque las grasas insaturadas son beneficiosas, su exceso calórico puede contrarrestar los efectos positivos.
El estudio, financiado en parte por el Instituto Nacional de Investigación en Salud del Reino Unido (NIHR), se suma a un cuerpo de evidencia que apunta a la alimentación como un factor modificable en la prevención de la diabetes. «Pequeños cambios en la dieta pueden tener un impacto significativo a largo plazo», concluyó Spector.
Si bien el estudio no establece causalidad directa, sus autores insisten en que los resultados refuerzan la importancia de una dieta equilibrada. «La diabetes tipo 2 no es inevitable», afirmó Spector. «Depende en gran medida de lo que comemos día a día». Para más detalles, el informe completo está disponible en Nature Metabolism, con acceso abierto para la comunidad científica.
