Tras una larga y tensa noche electoral, un veterano de la política danesa emergió con una sonrisa y su característica pipa. Lars Løkke Rasmussen, quien ha ocupado el cargo de primer ministro en dos ocasiones, se perfila como una figura clave en cualquier acuerdo de coalición que se alcance en las próximas semanas, según analistas.
Rasmussen, líder del partido Moderados –que no se alinea con los bloques políticos tradicionales de izquierda o derecha– instó a los líderes de los Socialdemócratas y el partido liberal Venstre a buscar un terreno común y unirse al centro político, según declaraciones realizadas la noche del martes.
Este resurgimiento se produce tras un período de incertidumbre para Rasmussen, ya que las encuestas a finales del año pasado mostraban un descenso en el apoyo a su partido. La crisis con Groenlandia, sin embargo, le brindó una oportunidad para recuperar protagonismo.
En enero, en el punto álgido de las tensiones geopolíticas entre Dinamarca y Estados Unidos, Rasmussen, quien entonces era ministro de Asuntos Exteriores en la coalición centrista liderada por Mette Frederiksen, viajó a Washington para reunirse con el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio. Tras el encuentro, fue fotografiado fumando un cigarrillo y chocando los puños con el embajador danés, y se le atribuye haber contribuido a aliviar las tensiones con Donald Trump.
El partido de Rasmussen obtuvo 14 escaños en las elecciones del martes, un número significativamente menor que el de sus antiguos socios de coalición. Sin embargo, al negarse a participar en la política tradicional de bloques, se ha convertido en un factor decisivo.
Aunque es poco probable que sea el próximo primer ministro –aunque esta posibilidad no se descarta por completo–, se espera que Rasmussen obtenga un puesto ministerial de gran importancia y la oportunidad de influir en la formación del gobierno.
“Ningún gobierno puede formarse sin su aprobación, al menos tácita”, afirmó Rune Stubager, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Aarhus. “Por lo tanto, él decide qué lado recibirá su apoyo, o si prefiere crear una crisis insistiendo en una coalición de centro que los demás no desean. No puedo decir con certeza hasta dónde está dispuesto a llegar en esa dirección”.
Rasmussen, quien fue primer ministro entre 2009 y 2011 y nuevamente entre 2015 y 2019, y ha sido una figura constante en la política danesa desde los 22 años, parece “vivir y respirar para la política y el poder”, y posee habilidad tanto en el análisis como en la estrategia, según Stubager. “Un astuto jugador de poder, en definitiva”.
Gran parte del atractivo de Rasmussen reside en su cuidadosamente cultivada imagen de “hombre del pueblo”. En una entrevista reciente con la revista Euroman, reveló que fumaba en la cama cuando tenía dolor de garganta o estaba enfermo, que consumía grandes cantidades de café –“creo que me he vuelto resistente a la cafeína”– y que a veces se cepillaba los dientes con jabón. “Luego te apetece un café. Es una forma de despertarse”, dijo.
Durante un debate electoral en el que participaban sus rivales Troels Lund Poulsen y Frederiksen, Rasmussen publicó en su cuenta de Instagram una foto de sí mismo con una cabra, deseándoles un buen debate y provocando una avalancha de emojis de cabras y comentarios que lo proclamaban el Mejor de Todos los Tiempos.
Otra foto en su cuenta muestra a Rasmussen saludando y caminando mientras fuma su pipa. Algunos seguidores notaron el parecido y lo compararon con el líder de guerra británico Winston Churchill. “Lars Winston Løkke Churchill”, escribió uno de ellos.
